UN ESTATUTO PARA LA SEGUNDA TRANSICIÓN

Juan Marín Lozano

En momentos como este en el que se cumplen diez años de la reforma del Estatuto de Andalucía, uno mira hacia atrás y comprueba cómo esta tierra ha ido creciendo bajo el paraguas de un sueño, que un día se pudo hacer realidad gracias a los hombres y mujeres que creyeron que era importante preservar su identidad, sus costumbres, su idiosincrasia, sin entrar en conflicto con el resto de los españoles.

Los andaluces fuimos ejemplo de empuje y valentía y nuestros representantes políticos dieron una lección de saber estar en un momento decisivo para la historia de Andalucía. Esa humildad, esa generosidad y ese espíritu de servicio público que movió a once partidos diferentes a ponerse de acuerdo, aún a costa de su propio interés personal, debe ser un referente en estos tiempos, tan inciertos en los que vivimos.

Aquel Estatuto de autonomía fue el inicio de la historia moderna de Andalucía, nos ayudó a salir del subdesarrollo y la marginación y nos puso a la altura del resto de los españoles. Más tarde fue necesario adaptarlo a los cambios que exigía una sociedad en constante evolución y expuesta a amenazas de todo tipo. Los andaluces fuimos capaces de coger el tren de la modernidad sin abandonar la hoja de ruta que marca, porque así lo decidimos entre todos, nuestro camino.

Como decía Darwin, "no sobrevive el más fuerte, sino el que mejor se adapta a los cambios", es una reflexión o teoría que comparto y que debería hacernos entender que esta segunda transición democrática que nuestro país y Andalucía está viviendo es simplemente un proceso natural.

El pasado nos avala, pero el futuro está por escribir. La forma de proceder es clara. Sólo podremos superar los retos que se nos presenten teniendo altura de miras, buscando lo que nos une y no lo que nos separa. Tenemos ahora mismo ejemplos de lo que quieren otros territorios españoles que buscan defender su identidad rompiendo vínculos y confrontando sensibilidades.

“Andalucía respeta y respetará la diversidad pero no permitirá la desigualdad”, así lo recoge el preámbulo de nuestro estatuto y así debe ser. Los andaluces debemos estar unidos, sin fisuras, en el empeño de seguir avanzando en el marco territorial, pero siempre desde la lealtad constitucional. Debemos seguir reclamando lo que nos corresponde dentro del sistema de reparto autonómico, pero también tenemos el deber de ser referencia de estabilidad, liderazgo y sentido común.

Ciudadanos ha demostrado su compromiso y lealtad con los andaluces, siguiendo la estela de aquellos políticos que, anteponiendo el interés general a los suyos propios, hicieron posible que hoy todos tengamos un Estatuto de Autonomía que nos permite encarar el futuro con determinación, para hacer de esta tierra el mejor lugar para nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos.

Hay que ser generoso y querer o pretender devolver a esta sociedad parte de lo que ella nos dio, aportando nuestras capacidades, conocimientos y principios y no dar la espalda a las nuevas generaciones de andaluces que esperan lo mejor de nosotros, y a la vez cuidar de aquellos que hoy necesitan de nuestra ayuda y que fueron precisamente los que nos brindaron la oportunidad de vivir en paz y libertad.

Juan Marín Lozano