UN ESTATUTO "MÁS VIVO QUE NUNCA" DIEZ AÑOS DESPUÉS

Juan Pablo Durán

La aprobación de la reforma de nuestro Estatuto hace diez años en referéndum significó un sí rotundo del pueblo andaluz a contar con el instrumento adecuado para continuar nuestro proceso de modernización en Andalucía.

Gracias al marco jurídico que dio el primer Estatuto, Andalucía vivió el periodo de mayor desarrollo económico, social y cultural de su historia, pero la sociedad demandaba la incorporación de nuevos principios para encontrar respuestas a las nuevas demandas ciudadanas del siglo XXI.

La reforma del 2007 tuvo, a mi juicio, dos elementos fundamentales: consolidar nuevos derechos para la ciudadanía y convertirse en el marco de referencia de un modelo social; y por otro lado profundizar en el autogobierno sin quebrar el modelo territorial de España.

En el primer elemento, se trata de un Estatuto avanzado, comprometido con el bienestar social y que sirvió de modelo para el resto de autonomías al blindar servicios fundamentales como la Educación y la Sanidad y de otro lado, situar de manera pionera nuevos derechos en materias como igualdad de género; protección contra la violencia de género; testamento vital y dignidad ante el proceso de muerte; acceso a las tecnologías de la información y la comunicación; o respeto a la orientación sexual de las personas.

En este año, en el que además cumplimos 35 años del nacimiento del Parlamento andaluz, el Estatuto sigue siendo nuestra guía para seguir impulsando una comunidad social, ya que desde el inicio de nuestra andadura democrática, la autonomía andaluza basó su legitimidad en promulgar una clara defensa de la igualdad y en apostar por una redistribución de la riqueza.

Esto enlaza con el segundo elemento que destacaba de nuestro Estatuto, ya que no tengo ninguna duda de que el texto garantiza un auténtico espacio de autogobierno, agotando el techo de las competencias señaladas en la Constitución española, y fortaleciendo la organización institucional de Andalucía.

En la actualidad, nos encontramos ante el desafío histórico de actualizar la Estructura Territorial de España y el sistema de financiación de las autonomías. Andalucía, alzando un Estatuto que vela por la consolidación de unas políticas públicas comprometidas con la libertad, la justicia, la paz, la igualdad y la solidaridad, debe jugar un papel esencial en dichas reformas, que deben basarse siempre en el principio de la igualdad de todos los españoles y en la que, aunque haya un reconocimiento a la pluralidad, no haya ni privilegios ni discriminaciones.

Por todo ello, en su décimo aniversario, el Estatuto de Andalucía está más vivo que nunca, porque en él están las claves y los medios para canalizar las políticas y las medidas que den respuesta a las inquietudes y demandas de la ciudadanía. La responsabilidad de los partidos políticos con representación parlamentaria en Andalucía es trabajar por el futuro, para desarrollar al máximo nuestra norma, una propuesta global, responsable y comprometida con el territorio, y a través del cual se garantiza el mejor y más completo avance y progreso para nuestra tierra, para los andaluces y las andaluzas.

JUAN PABLO DURÁN, PRESIDENTE DEL PARLAMENTO ANDALUZ

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