EL ESTATUTO, UN “PASAPORTE” PARA AVANZAR “EN PRIMERA”

Mar Moreno

El 18 de Febrero de 2007 Andalucía ratificó, por una abrumadora mayoría cercana al 90% de los votos, la reforma de su Estatuto de Autonomía. Habían pasado veintisiete años desde el histórico 28 de Febrero, que llenó las calles de una tierra subdesarrollada de reivindicación y esperanza.

La reforma del 2007 fue profunda, tan profunda como el cambio operado por Andalucía en sus primeros veintisiete años de autonomía. Si el Estatuto de 1.981 expresaba los deseos de cambio de una sociedad atrasada y marginada, el Estatuto de 2007 se convirtió en un certificado de homologación con el resto de territorios de España. En 1981 se hablaba de emigración, en 2007 se hablaba de inmigración, en 1981 se hablaba de analfabetismo,  en 2007 se hablaba de investigación, en 1981 se hablaba de reforma agraria, en 2007 se hablaba de modernización de la agricultura, de desarrollo tecnológico y de internacionalización de nuestra economía.

Una constatación de los cambios operados en Andalucía también se dejó sentir en los protagonistas políticos. En 1981 todos los actores estatutarios fueron varones, en 2007 en una cámara prácticamente paritaria,  tres mujeres se incluían en la ponencia estatutaria compuesta por once miembros, además de la presidencia del Parlamento, también desempeñada por una mujer.

El debate fue intenso y el consenso amplio. Desde Andalucía se planteó una reforma ambiciosa que llegara tan lejos como la de otras regiones que trabajaban en sus reformas como Cataluña o Valencia. Los Estatutos de 1981 y de 2007 no han sido panaceas ni varitas mágicas, pero si herramientas políticas  útiles y eficaces contra la desigualdad territorial de España.

Diez años más tarde, Andalucía tiene problemas, pero los problemas de Andalucía han dejado de ser los propios del siglo XIX para pasar a ser problemas del siglo XXI  similares a los de cualquier otra región de España y de Europa. La crisis ha ralentizado nuestra velocidad, como la de todo el mundo, pero sin duda el Estatuto de 2007 es un pasaporte diseñado para que Andalucía avance  “en primera”, ni  un paso por detrás de ninguna otra comunidad española.