Griñán respalda la reforma laboral del Gobierno: "Lo que no es socialista es el despido injusto y sin causa"

El presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán
RTVE
Actualizado 17/06/2010 14:12:12 CET

Dice que el Gobierno "no ha explicado suficientemente bien para qué se hace" la reforma laboral y cree que "hay espacio para seguir dialogando"

SEVILLA, 17 Jun. (EUROPA PRESS) -

El presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, expresó hoy su respaldo a la reforma laboral aprobada por el Gobierno y rechazó que sea una medida que quiere el discurso político del PSOE porque "lo que no es socialista es el despido injusto y sin causa". No obstante, sí criticó que el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero "no ha explicado suficientemente bien para qué se hace".

En una entrevista con TVE recogida por Europa Press, Griñán indicó que "quizá lo que menos me gusta" de la reforma laboral "es que no se ha expresado suficientemente para qué se hace" y echó en falta que no se haya vinculado con la "estrategia de competitividad para cambiar el modelo productivo". En cualquier caso, dejó claro que "si lo que queremos es que la economía española pueda ser competitiva, pueda crecer y pueda ser estable el empleo que cree, esta puede ser una buena reforma laboral".

Tras negar que haya existido un "fallo de comunicación" por parte del Gobierno, el jefe del Ejecutivo andaluz no se mostró de acuerdo con el mensaje de que una reforma que plantea un despido más barato no es muy socialista. "Depende, lo que no es socialista es el despido injusto y sin causa, es una barbaridad, es lo que llamaríamos despido libre. Pero el despido con causa y si la causa es económica que el coste sea menor parece razonable", respondió Griñán, que puso de manifiesto que "todo el mundo coincide en que muchas veces no se hacen contratos fijos porque los costes de extinción son muy altos" y resaltó que "si no hay causa el despido sigue siendo caro".

"LA REFORMA LABORAL SIEMPRE DEJA SOLO AL GOBIERNO"

El también ex ministro de Trabajo con Felipe González, que ya sufrió una huelga general en 1994, señaló que se ha vuelto a repetir "la historia de todas las reformas laborales, que siempre dejan solo al Gobierno" porque, aunque la piden todos los partidos, "nadie se moja en las medidas y todo el mundo se pone de perfil". A su juicio, es un acierto su tramitación como proyecto de Ley porque "todos los grupos tendrán que hacer enmiendas y ya podremos saber lo que piensa cada persona y cada grupo político de la reforma laboral", aunque lamentó que en España no ocurre como en Portugal, donde la oposición "apoya al Gobierno al ponerse en frente de la crisis", porque el PP se ha "aliado con la crisis para luchar contra el Gobierno".

Respecto al fracaso de las negociaciones con empresarios y sindicatos, Griñán comentó que "los empresarios han hecho un ejercicio bastante incomprensible, porque lo que transmitían era que querían rebajar los costes laborales, lo que va en contra de la estrategia de competitividad porque con costes laborales bajos no se va a competir", mientras que atribuyó el rechazo de los sindicatos a que "han visto ellos no podían meter nada". No obstante, se mostró convencido de que "hay tiempo todavía y se puede mejorar" la propuesta del Gobierno porque "hay espacio para dialogar políticamente y creo que debería haber también para seguir dialogando sindical y empresarialmente".

LA HUELGA GENERAL, "MÁS DRAMÁTICA" COMO MINISTRO DE TRABAJO

En un plano más personal, el presidente de la Junta reconoció que una huelga general se vive "más dramáticamente" como ministro de Trabajo y admitió que en 1994 sentía "rabia por no poder explicar lo que queríamos conseguir más allá de la dialéctica de poder entre empresarios y trabajadores" y también "frustración porque cree que haces lo correcto y no te lo entienden los que tú sientes más cercanos a ti, porque yo soy más sindicalista que empresario históricamente".

En cualquier caso, Griñán resaltó las diferencias porque la reforma laboral que planteó como ministro iba encaminada a modificar "las ordenanzas laborales del franquismo, que estaban en vigor y establecían un marco muy rígido", y defendió que ahora España no sufre un "problema de productividad de la economía, sino de las empresas", algo que, en su opinión, no se supera "con más jornadas y menos salarios, sino mejorando el producto".

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