El Archivo Municipal expone un documento sobre el fallecimiento de Felipe 'El Hermoso'

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EUROPA PRESS/AYTO DE MÁLAGA
Actualizado 22/09/2015 18:27:50 CET

Permite conocer cómo eran las medidas establecidas por las autoridades para celebrar las exequias por la muerte del monarca

MÁLAGA, 22 Sep. (EUROPA PRESS) -

El Archivo Municipal de la capital expone desde esta semana, en su Sala de Lectura, un nuevo documento original del siglo XVI relacionado, en esta ocasión, con el ceremonial y el protocolo asociado a la muerte del rey Felipe 'El Hermoso'.

Está fechado el 12 de octubre de 1506 e inserto en el volumen cinco de las Actas Capitulares que conserva esta institución. El documento seleccionado estará expuesto durante un mes y está acompañado de su correspondiente transcripción y un estudio del contexto histórico y político de la época.

Así, podrá visitarse de 09.30 a 19.30 horas, de lunes a viernes, según han informado desde el Ayuntamiento de la capital en un comunicado.

El 29 de septiembre de 1506, desde la ciudad de Burgos, se anuncia la muerte del rey Felipe I de Castilla, más conocido como Felipe 'El Hermoso', a los dirigentes y súbditos malagueños. En este documento, además de explicar la triste pérdida, se pide a la ciudad que haga las exequias al igual que se hicieron con ocasión del fallecimiento de la reina Isabel la Católica.

Tras la comunicación real, el cabildo malagueño había de reunirse para empezar a organizar los actos y adoptar todas las medidas necesarias.

CELEBRACIÓN DE LAS EXEQUIAS

El documento seleccionado para ser expuesto recoge todas las medidas que establecen las autoridades municipales para la celebración de las exequias por la muerte del monarca. Los inicios del siglo XVI fueron especialmente complicados para la monarquía española, que tuvo que afrontar el fallecimiento de varios de sus herederos al trono.

Las honras fúnebres por los miembros reales constituían una de las partes más significativas del protocolo ceremonial de la monarquía hispana durante el Antiguo Régimen, han recordado.

Tras el fallecimiento, el ritual funerario se dividía en dos partes, una parte privada, que se celebraba en los días inmediatamente posteriores a la muerte, y otra parte pública, las cuales no solo se celebraban en la Corte sino en todas las partes del Reino, y en las que participaban activamente los gobernantes civiles, el sector eclesiástico y todos los súbditos.

Solían realizarse al cabo de unas semanas o incluso, a veces, meses después del fallecimiento dependiendo de la fecha en que se conociera la noticia, que no siempre llegaba de forma inmediata. Una vez la carta era recibida, correspondía a los gobernantes de cada lugar establecer todo lo concerniente a su organización siendo el cabildo municipal el responsable de que esto se realizara con el máximo boato posible, y colaborando con ellos los dirigentes del clero.

Por lo general duraban dos días. En el primero, normalmente por la tarde, se solemnizaban las llamadas "vísperas de difuntos" y al día siguiente se hacían las misas, que solían ser tres, siendo la más solemne la de Réquiem en la que se predicaba el sermón fúnebre donde se elogiaban las virtudes y buen hacer del fallecido, y se colocaba el túmulo o simulacro de tumba.

El presupuesto que suponía una celebración de estas características recaía en las arcas municipales de los respectivos concejos que no siempre estaban en condiciones de asumirlos, pero aun así se esmeraban en cumplir las órdenes de la Corona.