Investigadores cordobeses subrayan los beneficios de la agricultura de conservación para el medio ambiente

Actualizado 04/12/2008 19:24:13 CET

CÓRDOBA, 4 Dic. (EUROPA PRESS) -

El grupo de investigación Mecanización y Tecnología Rural del departamento de Ingeniería Rural de la Universidad de Córdoba (UCO) subrayó los beneficios de la agricultura de conservación para el medio ambiente, dentro del informe 'Métodos de producción Agraria compatibles con el medio ambiente: lucha contra la erosión y Agricultura de Conservación', realizado para el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino.

En una nota, Andalucía Investiga indicó que se trata de un trabajo, coordinado por el profesor Jesús Gil Ribes y desarrollado para evaluar los posibles beneficios de las técnicas conocidas como Agricultura de Conservación (AC). Así, el documento, concluye que este tipo de agricultura supone una alternativa viable y recomendable a las técnicas convencionales, ya que asegura el mantenimiento de la producción en las explotaciones y posibilita una reducción de costes y de tiempos de trabajo, debido a la disminución del número de tareas a realizar por parte del agricultor.

Además, añade que este tipo de agricultura también constituye un sistema agrícola "sostenible que mejora la calidad del suelo y del agua", además de representar una alternativa "real y posible" para reducir la concentración de gases de efecto invernadero provenientes del sector agrícola, como aseguró Gil Ribes.

Asimismo, la adopción de las prácticas de conservación "no implica un mayor riesgo por la utilización de fitosanitarios", según indicó. Además, añadió que la reducción en la erosión y en la escorrentía que se consigue con la agricultura de conservación, en torno al 90 por ciento y 70 por ciento respectivamente, "disminuye en gran medida los posibles efectos adversos de los productos fitosanitarios, ya que el riesgo en su uso se produce en mayor medida por el arrastre de sedimentos en los que van adheridos".

Concretamente, el informe se ha realizado con el propósito de definir técnicamente estos sistemas, determinar su extensión en España, evaluar su aceptación por los agricultores y valorar su incidencia en la fijación de carbono en el suelo y en la reducción de emisiones para contribuir a "atemperar" los efectos adversos de la agricultura en el cambio climático.

Este sistema se basa en el uso de cubiertas vegetales protectoras del suelo, procedentes del rastrojo de los cultivos extensivos y vegetación espontánea o sembrada, en el caso de los frutales. Además, contribuye a disminuir la erosión y degradación del suelo, así como a reducir riesgos de contaminación de aguas y a mitigar las emisiones de CO2, paliando así el cambio climático.

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