Las Salas Mingorance del Archivo Municipal de Málaga recorren 25 años del fotoperiodismo de Gervasio Sánchez

Antología exposición Gervasio Sánchez
AYTO. DE MÁLAGA
Publicado 12/04/2018 16:29:41CET

MÁLAGA, 12 Abr. (EUROPA PRESS) -

Las Salas Mingorance del Archivo Municipal acogen desde este jueves la exposición fotográfica 'Antología', de Gervasio Sánchez, una muestra compuesta por 100 fotografías, a color y en blanco y negro, que se ordenan de forma cronológica recorriendo 25 años de trabajo del fotoperiodista.

Esta exposición antológica, organizada con motivo de la concesión del Premio Nacional de Fotografía otorgado por el Ministerio de Cultura, representa una larga travesía en numerosos escenarios bélicos y posbélicos. Así, la muestra se vertebra en cinco grandes bloques: América Latina, Balcanes, África, Vidas minadas y Desaparecidos.

Según la comisaria, Sandra Balsells, "la exposición constituye un contundente legado histórico para que en el futuro no se pueda dudar del pasado". Así, "la fructífera producción de Gervasio Sánchez supone una innegable aportación a la fotografía de reportaje y constata cómo a través de ella puede dignificarse a las víctimas, retratadas con una mirada particular que enaltece los mejores valores del fotoperiodismo", ha señalado.

Para Balsells, "Gervasio Sánchez es temperamento y pasión. Intención y empecinamiento. Inconformismo y rebeldía. Emoción y desgarro". Así, ha asegurado que "ha sabido trascender la enseña de reportero de guerra hacia un triple reto profesional: ha reafirmado su nítida vocación y convicción de fotoperiodista independiente; ha incorporado a los temas de actualidad la construcción de proyectos fotográficos de largo alcance; y ha contribuido a que la fotografía documental española goce de un merecido reconocimiento como obra fotográfica intrínseca".

En cuanto al primero de los bloques temáticos de la exposición, América Latina, el propio autor ha explicado que "fue en las guerras centroamericanas, las dictaduras del Cono Sur y los conflictos eternos del continente americano donde me hice fotógrafo".

"Mi primer viaje a América Latina duró 82 días. Viajé por México, Guatemala, Belice, El Salvador y Nicaragua. Cubrí las primeras negociaciones de paz salvadoreñas, presencié el triunfo sandinista, sentí el terror guatemalteco cuando intentaba hacer mi primer reportaje sobre los desaparecidos y quedé extasiado ante las ruinas aztecas y mayas", ha detallado.

Por otra parte, en relación al bloque de los Balcanes, Gervasio Sánchez ha destacado que "la década de los 90 empezó con gran optimismo. Sin tensiones entre las grandes potencias muchos soñaban con el fin de las guerras locales o regionales, pero la desintegración de la Unión Soviética y las desavenencias en la antigua Yugoslavia provocaron el inicio de múltiples conflictos con miles de muertos y desaparecidos y millones de refugiados".

Asimismo, ha señalado que cuando comenzó la guerra de Bosnia, acudió a Sarajevo, momento en el que comenzó "a trabajar en blanco y negro con una cámara sin motor". Esas imágenes, ha asegurado, "son las que mejor explican el cerco de la capital bosnia".

ÁFRICA, VIDAS MINADAS Y DESAPARECIDOS

"Muchas veces me han preguntado cuál ha sido la situación más horrible que he tenido que documentar. Y a pesar de que nunca me ha gustado comparar un conflicto con otro, he de reconocer que la cumbre del sufrimiento, mi particular corazón de las tinieblas, fue Goma durante la tragedia ruandesa del verano de 1994. Literalmente tuvimos que pisar cadáveres para movernos en los campos de refugiados. Los enfermos de cólera, disentería o malaria miraban a la cámara, agonizaban y morían", ha detallado Sánchez.

En este punto, el fotoperiodista ha indicado que "las imágenes de Goma supuraron mi conciencia y nunca dejaron de perseguirme en sueños". Además, ha explicado que "muchas de aquellas guerras eran protagonizadas por niños armados con fusiles de asalto siempre dispuestos a la venganza más cruel, aunque eran permisivos con los periodistas, pues no impedían presenciar ni filmar sus atrocidades".

En cuanto al bloque de Vidas minadas, el protagonista de esta exposición ha afirmado que nunca imaginó que "uno de los proyectos más importantes de toda mi vida profesional empezaría a partir de un encargo de una revista del corazón realizado en septiembre de 1995", cuando el dueño de un conocido grupo editorial "me propuso elegir un país, el que quisiera, y escribir y fotografiar una historia de un niño mutilado por una mina".

"Aquel viaje a Angola fue decisivo para dar un cambio radical a mi manera de plantearme el periodismo. Llevaba más de una década cubriendo conflictos armados al ritmo impuesto por la ruleta mediática", ha explicado, considerando que "los periodistas éramos utilizados por una maquinaria infernal que producía dramas que sólo se contaban superficialmente mientras duraba el primer impacto televisivo".

Así, ha comentado que fue Intermón Oxfam, Manos Unidas y Médicos sin Fronteras quienes aceptaron financiar su proyecto "sobre víctimas de las minas que realicé en siete países de cuatro continentes". Éste fue presentado el 25 de noviembre de 1997, "una semana antes del Tratado de Ottawa".

Sobre el último bloque, Desaparecidos, Gervasio Sánchez ha señalado que la primera vez que se enfrentó a la desaparición forzosa tenía 23 años y estaba estudiando cuarto de Periodismo. "Era enero de 1983 y acababa de integrarme en un equipo de adopción de Amnistía Internacional", comenta.

"El responsable del grupo me ofreció leer dos informes sobre las violaciones de los derechos humanos en Guatemala y El Salvador y resumirlos al resto de mis compañeros", ha detallado, asegurando que "antes de su lectura pensaba que los seres humanos no podían ser tan crueles con sus semejantes y que debía existir un límite para la violencia".

"Pronto descubrí que los informes más duros sólo reflejaban una parte de la atroz realidad", ha dicho, especificando que "en la mayoría de los casos los desaparecidos eran varones, algunos menores de edad, y las mujeres, especialmente madres, esposas e hijas, encabezaban las luchas emprendidas por los familiares para conseguir que se impusiera la memoria, la verdad y la justicia".

En este sentido, el fotoperiodista ha reconocido que "la elaboración de Desaparecidos ha sido menos satisfactoria que Vidas minadas", ya que "los mutilados por minas antipersona sobrevivieron a las explosiones y sus evoluciones han sido un ejemplo de pundonor; es bello ver y sentir cómo la angustia da paso a la esperanza o cómo los gritos de dolor en los hospitales se sustituyen por escenas cotidianas de gran belleza y dignidad".

"En cambio --ha continuado--, buscar a tus seres queridos durante años o décadas convierte la vida cotidiana en una pesadilla permanente. La obsesión por encontrar al hijo, al marido o al padre entorpece las relaciones con otros seres queridos y facilita el camino hacia la desesperación y la angustia", ha concluido Sánchez.

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