'Lorca y Uruguay' ahonda en la literatura e ideología del poeta granadino y en la huella que dejó en coetáneos uruguayos

 

'Lorca y Uruguay' ahonda en la literatura e ideología del poeta granadino y en la huella que dejó en coetáneos uruguayos

Actualizado 07/02/2011 16:35:41 CET

La figura de Lorca sirvió a buena parte de las izquierdas uruguayas como "mártir político" tras su "trágica muerte"

MONTEVIDEO, 7 Feb. (EUROPA PRESS) -

El libro de Alcalá Grupo Editorial 'Lorca y Uruguay', de los autores uruguayos Pablo Rocca y Eduardo Roland, realiza un recorrido por la estancia del poeta granadino en Montevideo (Uruguay), ahondando en su literatura e ideología, así como en la huella que dejó entre sus coetáneos uruguayos.

De esta forma, según ha manifestado a Europa Press Roland, Lorca llegó a Montevideo después de pasar por la vecina ciudad de Buenos Aires (Argentina), lugar desde donde se le había reclamado por parte de la Sociedad Amigos del Arte para dar una serie de conferencias, así como por parte de la compañía teatral de Lola Membrives, a quien urgía contar con la presencia del autor de 'Bodas de sangre', pieza que estaba experimentando un éxito tremendo. Además, la actriz quería asegurarse el estreno de otras piezas suyas en Buenos Aires y Montevideo, como de hecho sucedió con 'La zapatera prodigiosa'.

Asimismo, Roland ha apuntado que, una vez en el país bonaerense, adonde llegó el 13 de octubre de 1933, "los reclamos desde este lado del río fueron muchos" y dos fueron los motivos, según han investigado los autores de 'Lorca y Uruguay', que hicieron que el poeta pasara una temporada en Montevideo. De un lado, Lola Membrives quería apartar a Federico del asedio de que era objeto en Buenos Aires con el objetivo de que, más distendido, finalizara 'Yerma' e iniciar así la temporada 1934 con un estreno con éxito asegurado. Sin embargo, "ni siquiera llegó a tener la tranquilidad suficiente como para terminar el tercer acto de esta obra".

De otro lado, afirma el escritor uruguayo, el embajador español en Uruguay, Enrique Díez-Canedo, hombre de letras y amigo no sólo de Lorca sino de toda su familia, le escribió "diciéndole enfáticamente que por política debía ir, siendo muchas las personalidades que esperaban su visita". A esto hay que agregarle los pedidos personales y las gestiones de grupos culturales para que pasara unos días en Montevideo, así como su intención por ofrecer en Montevideo una conferencia sobre su viejo amigo Rafael Barradas, "el pintor a quienes uruguayos y españoles hemos dejado morir de hambre".

Según ha explicado Roland a Europa Press, el diálogo Lorca-Uruguay, siempre esencialmente artístico, se inicia en Madrid, cuando un jovencísimo Lorca entabla amistad con Barradas. Luego vendrá la relación con Julio J. Casal, cónsul uruguayo en La Coruña durante años y director de la revista Alfar --primero editada en Galicia y luego en Montevideo--, que fue "de las primeras en difundir la poesía de Federico en la propia España".

Al hilo, el escritor ha indicado que este diálogo "tuvo su apogeo en el verano de 1934, cuando el ambiente cultural uruguayo experimentó en directo la simpatía personal y el talento de aquel muchacho de 36 años celebrado ya como un creador excepcional, por no decir genial". No obstante, ha añadido, la huella del mundo lorquiano en Uruguay "se amplificó después de la estancia montevideana y luego de la tragedia tomó perfiles míticos que no excluyen su utilización como mártir político por buena parte de las izquierdas".

"VIVO A TRAVÉS DE ALBERTI, BERGAMÍN Y XIRGU"

García Lorca siguió vivo en Uruguay a través de su obra y del testimonio siempre emocionado sobre su personalidad, que supieron transmitir amigos de la talla de Rafael Alberti, José Bergamín y Margarita Xirgu, quienes pasaron largas temporadas en el país sudamericano.

De este modo, Eduardo Roland recuerda que para el poeta granadino no fue difícil integrarse en la sociedad uruguaya, dados sus atributos personales, "simpatía desbordante, calidad humana, gusto por la charla y por conocer gente nueva". Es más, en fuerte contraste con su viaje anterior a la América anglosajona, en este segundo y último periplo americano, "el poeta encontró un pedazo de España allende el océano, de hermanos hispanohablantes que incluso lo comprendían mejor que en su propio país", según afirma Roland que expresó el poeta refiriéndose a la recepción de sus piezas teatrales en ambos márgenes del Plata.

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