La obra 'El alcalde del crimen' se sumerge en la Sevilla del XVIII con el miedo y oscurantismo de Inquisición

Torre del Oro
EP
Actualizado 04/03/2011 13:57:03 CET

Las nuevas ideas de la Ilustración comienzan a entrar en la sociedad sevillana que se ve aterrada por crímenes de clérigos decapitados

SEVILLA, 4 Mar. (EUROPA PRESS) -

El escritor Francisco Balbuena se sumerge en su nueva novela, 'El alcalde del crimen' (Ediciones Martínez Roca), en la Sevilla de mediados y finales del siglo XVIII en la que predomina el miedo y el oscurantismo de la Inquisición frente a las nuevas ideas de la Ilustración, que comienzan a entrar en una sociedad que se ve aterrada por distintos crímenes de clérigos de oscuro pasado decapitados y sin rastro de sangre, al tiempo que profundiza "misteriosamente" en dos romances.

En una entrevista concedida a Europa Press, Balbuena ha detallado que "Sevilla tuvo una gran época con motivo del tráfico marítimo con las Indias durante los siglos XVI y XVII, pero en el XVIII llegó la decadencia, dado que los barcos no podían llegar a su puerto y se quedaban en Cádiz, donde las aguas eran más profundas". Así, "la ciudad estaba dominada por el oscurantismo, con ideas atrasadas y completamente al margen de la Ilustración".

No en vano, la influencia del Santo Oficio en la capital era "bastante profunda" con el Castillo de San Jorge en Triana, que "era la sede nacional más relevante", y es que Sevilla cuenta con 80.000 habitantes y es la segunda ciudad más poblada del reino, "nada menos que lugar de residencia de grandes magnates, de la política española y aristocracia andaluza". Frente a esta Sevilla "aprisionada por la principal sede de la Inquisición", se situaba "la liberal Cádiz, donde se refugiaron los grandes ilustrados y que promulgaron la primera constitución española".

En este contexto aparecen una serie de sacerdotes decapitados y el pánico comienza a apoderarse del clero y toda la población, ante lo que tiene que hacer frente un grupo integrado por el alcalde del crimen y juez de la capital, Gaspar de Jovellanos; el viajero inglés Richard Twiss, y la joven e inteligente aristócrata Mariana de Guzman, acompañados de los ilustrados del Alcázar Real, que investigan "los asesinatos que comienzan con gente del clero y avanzan en la trama, mientras que no resulta claro quien es el causante de las muertes por los intereses contrapuestos".

En concreto, cuando se produce la primera muerte, el Intendente de Sevilla, Pablo de Olavide, encarga la investigación a Jovellanos y Olavide se marcha a Jaén a colonizar nuevas tierras en Sierra Morena. Según el escritor, "Olavide era parte de la cabeza visible de la Ilustración entre los españoles, pero la novela lo encuadra en un momento de retirada tras llevar a cabo reformas ante la decadencia, con colegios o atendiendo al comercio".

De igual modo, precisa Balbuena, "el lector se da cuenta de todos los conocimientos y avances que se dan en Europa y que llegan a España, por ejemplo de la mano de un médico, conocido como Morico, que habla del caucho, de la electricidad y productos químicos, frente a la sociedad medieval en la que estaba Sevilla, muy sujeta a la religión y la ignorancia; hasta el punto de que Morico sugiere hacer la autopsia al primer cadáver hallado y todos a su alrededor se oponen".

ORIGEN, UN CUADRO DE GOYA

Según desvela Francisco Balbuena, la idea original de la novela surge del cuadro de Gaspar de Jovellanos realizado por Francisco de Goya, en el que el protagonista aparece "sentado y apoyado en una mesa, con una mirada bella y melancólica", y a través de la cual, "tenía que ocultar algo que le ocurrió en su juventud, un secreto que tenía en su alma como una pena y que le marcó emocionalmente". Ello no era otro pasaje que el de su estancia durante una década en Sevilla, con el cargo de juez y fiscal "tan propio para tramas novelescas".

En cuanto a dicho protagonismo de Jovellanos y Twiss, del primero destaca que "es estudioso y legalista" y el segundo, "un aventurero que ha recorrido mundo". No obstante, ambos tienen dos maneras de pensar contrapuestas, por un lado, "Twiss con la corriente empírica de los ingleses con gran tradición y trata de averiguar los hechos en base a la realidad y pruebas", y por otro lado, "Jovellanos se dirige con el racionalismo, la reflexión y el hecho de sacar conclusiones sobre lo que van descubriendo". Así, "se produce un pique y guerra amistosa", explica Balbuena.

Entretanto, "hay una pasión que fluye entre Mariana de Guzman y Jovellanos, pero entre ellos había barreras sociales muy importantes, más de lo que se podría imaginar, puesto que él era hidalgo y no podía entablar relación con una mujer de alta nobleza, como Mariana". Mientras, Twiss se ve "arrastrado" por el romance con una artista, Juana de Iradier, y en el que "también tienen sus barreras".

Para el escritor, son dos romances que "se atraen y en los que la novela va profundizando misteriosamente, parece como si todo el mundo se ocultara algo", al tiempo que describe a los personajes "nada esquemáticos, sino que tienen sentimientos y se dejan llevar por pasiones", por lo que "no son caricaturas del ser humano como habitualmente se pinta en literatura".

Asimismo, Balbuena se vale del papel de los 'piscatores', que, explica, "eran un ensayo de lo que serían los periódicos y en ellos se suscita intriga e interés", y también juega "con el humor de esas publicaciones a ejemplo de lo que sería hoy en día la prensa sensacionalista o la prensa rosa".

En cualquier caso, 'El alcalde del crimen' tiene "trazas de novela negra, casi de terror, causando por momentos gran miedo e impresión en la investigación policíaca y con romances muy logrados y convincentes", a lo que se une el marco histórico, "el apasionante siglo XVIII, el más fascinante y romántico que ha habido hasta ahora, incluso más que el XIX", argumenta el escritor.