El Padre Prior dedica el premio de la Asociación de Guías de Turismo a "todos los monjes franciscanos"

Actualizado 01/03/2007 11:32:04 CET

SANTANDER, 1 Mar. (EUROPA PRESS) -

El Padre Prior del Monasterio de Santo Toribio de Liébana, Luis Domingo Gaya, dedicará esta noche el premio concedido por la Asociación de Guías de Turismo de Cantabria a "todos los monjes franciscanos" que han trabajado en el Templo desde la instauración de la Orden, en el año 1961.

La comunidad franciscana de Santo Toribio ha resultado elegida, junto al escritor cántabro Joaquín González Echegaray, ganadores de la segunda edición de los 'Faros Turísticos 2007, que se entregarán durante una gala que se celebrará a las 21.30 horas en el Hotel Chiqui de Santander.

Como destaca la Asociación de Guías de Turismo, los integrantes de la Orden franciscana de Santo Toribio "han estado siempre atentos para facilitarnos nuestra labor, son ejemplo de cariño en el mantenimiento del Monasterio y de excelente relación con los guías".

Esta especial relación fue también destacada por el Padre Prior, quien agradeció "los detalles" que los guías tienen con los frailes, "como cuando nos ayudan a repartir estampas entre los peregrinos" que acuden al Monasterio en el actual Año Lebaniego.

No obstante, Luis Domingo Gaya quiso matizar que el trabajo de los guías que acuden con turistas al Templo es habitual también fuera del Año Jubilar, por lo que este premio ha sido acogido entre la congregación "con la satisfacción" que da conocer a la mayor parte de los trabajadores -en su mayoría, mujeres- de la Asociación de Guías.

La comunidad franciscana fue también distinguida el pasado mes de diciembre con el Premio Tejo Cántabro 2007, que la Asociación de Empresarios de Camping de Cantabria les concedió por considerar que son "el verdadero objeto e instrumento activo que ha dado contenido" a un "despliegue promocional nunca antes visto en Cantabria".

Cinco frailes franciscanos custodian actualmente en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana el 'Lignum Crucis', según la tradición, el trozo más grande que se conserva de la cruz en la que murió Jesucristo, por delante de la de San Pedro del Vaticano. Esta orden llegó en el año 1961 al Monasterio, que antes era una abadía en la que vivían monjes benedictinos.

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