Carasa vuelve a soltar a su Gata Negra

La suelta de la Gata Negra de Carasa
CEDIDA / EP
Actualizado 17/08/2018 14:48:59 CET

SANTANDER, 17 Ago. (EUROPA PRESS) -

La localidad cántabra de Carasa (Voto) volvió ayer a soltar a su Gata Negra, cumpliendo así con una tradición iniciada hace 541 años y que, desde hace dos, se ha celebrado envuelta en la polémica por las peticiones, de colectivos animalistas y partidos políticos, de que se suspenda este ritual, carnavalesco y agrícola, única en España.

La fiesta, que desde 1477 se conmemora cada 16 de agosto, transcurrió con normalidad, y concitó a cientos de personas por las calles del pueblo, entre quienes destaca el presidente regional, Miguel Ángel Revilla.

A lo largo de la jornada y en los días previos, y al igual que ocurrió en 2017, formaciones como Equo y colectivos como Acción Respeto Animal (ARA) o la Asociación de Amigos del Gato (Amigat) habían venido solicitando la anulación de esta celebración, ante la Fiscalía de la Comunidad y el Gobierno autonómico, al considerar que se maltrata al felino y apelando a las más de 231.000 firmas en contra recogidas en la plataforma change.org.

Pero la procesión a bordo de un carruaje por las calles de Carasa y la posterior suelta de la gata negra' -que según la leyenda pronostica cómo serán las cosechas en función de si huye hacia la mies (buenas) o a la montaña (malas)- se desarrolló finalmente según lo previsto, con expectación pero sin incidencias.

LA GATA NEGRA

La historia de la 'Suelta de la Gata Negra' se remonta a la segunda mitad del siglo XV, en concreto al año 1477, en el que una sequía asolaba y amenazaba las cosechas del pueblo de Carasa.

La leyenda cuenta que Manuel Otero, alcalde de aquella época, trajo una gata negra en procesión que tenía fama de tener poderes. Al soltarla, la gata se fue hacia la mies y aquel año, como si de un milagro se tratase, las cosechas mejoraron.

Por ello, todos los vecinos del pueblo, año tras año, están pendientes del camino que tomará el animal en su huida. Antaño, si se dirigía hacia la mies, era presagio de fertilidad en los campos y buenas cosechas; sin embargo, si huía hacia el Pico Carrasco era señal de malos augurios. De ahí el marcado carácter agrícola de esta celebración.

En cuanto al origen carnavalesco, queda patente en la escolta de todos los niños del pueblo disfrazados que acompañan a la gata en su camino desde Rioseco (barrio más alto de la localidad) hasta la plaza del pueblo.

La gata llega a este punto subida en una carroza adornada y tirada por un burro, en compañía de un trovador y su comitiva, que una vez allí cuenta a modo de coplillas las confidencias que le ha hecho el animal sobre los sucesos acontecidos en los barrios y algún hecho concreto de especial relevancia en Carasa.