Marruecos, 'a tiro de piedra' del Norte de España con el vuelo Santander-Marrakech

Marrakech.
GOBIERNO
Publicado 18/03/2018 12:33:38CET

La conexión alcanza una ocupación media mensual del 88% y la región colabora con el país magrebí para potenciar la llegada de turistas

SANTANDER, 18 Mar. (EUROPA PRESS) -

Cantabria se ha convertido en la puerta de entrada a Marruecos desde el Norte de España, gracias al vuelo directo entre Santander y Marrakech que la compañía Ryanair comenzó a operar el pasado octubre y que está obteniendo muy buenos resultados desde su puesta en marcha, con una ocupación media de los aviones superior al 88 por ciento.

En febrero, el último mes del que hay datos disponibles, más de 2.800 viajeros usaron esta conexión, lo que supone que se reservaron el 92,82% de las plazas ofertadas. Se trata del mayor porcentaje mensual de ocupación de asientos, seguido del 90,64% alcanzado en noviembre, el 89,41% de diciembre y el 84,77% de enero.

Así, teniendo en cuenta que este periodo es temporada baja para el turismo, el balance de la ruta está siendo "estupendo" para el Gobierno cántabro, satisfecho -al igual que la aerolínea irlandesa de bajo coste- por el vuelo que conecta el aeropuerto Seve-Ballesteros con el de Marrakech-Menara, y que en poco más de dos horas permite a sus usuarios cambiar de continente, de Europa a África y viceversa.

Además, es la única comunicación aérea directa desde el Norte de España a la ciudad marroquí, que está siendo muy utilizada también por viajeros de comunidades limítrofes a Cantabria, como Asturias y País Vasco. Y es que Marrakech es el principal destino turístico del país del Magreb, y una opción atractiva en los meses de invierno debido a su amable climatología. Al margen de Europa, Marruecos es el lugar más visitado por los españoles, y las comunidades que hasta ahora han aportado el mayor número de viajeros han sido Madrid, Cataluña y Andalucía.

Precisamente, con la idea de potenciar el intercambio de viajeros y turistas, y aprovechando el éxito de la línea -la primera internacional desde el aeropuerto Seve Ballesteros a un destino fuera de la Unión Europea- el Gobierno de Cantabria y la Embajada del Reino de Marruecos han acordado colaborar en diversas acciones conjuntas, organizadas a través de la Consejería de Turismo del Ejecutivo autonómico y la Oficina Nacional de Turismo del país magrebí en Madrid, como viajes de familiarización para conocer los atractivos turísticos de ambas ciudades y poder así promocionar y comercializarlos.

MARRAKECH, LA CIUDAD ROJA

Marrakech, que en bereber significa "tierra de dios", es la ciudad más visitada de Marruecos y una de las cuatro imperiales, junto a Meknes, Fez y Rabat, la capital del país, dividido en doce regiones y cinco valles, con una economía basada, por este orden, en la agricultura, el turismo y la pesca.

Próxima a las montañas del Atlas, que parten en dos al país, la urbe se divide igualmente en dos mitades: una zona moderna -que alberga hoteles, restaurantes, tiendas, bares y discotecas- y otra antigua, donde se encuentra la medina (casco histórico) y el zoco, un laberinto de calles plagadas de tiendas agrupadas por gremios, en las que se pueden adquirir, previo regateo, productos típicos, de artesanía, cerámica, piel, tela, comida y especias.

Parte de estos comercios desembocan en la central y famosa plaza de Jamaa el Fna, el lugar más importante del barrio antiguo y el más conocido de Marrakech, un hervidero constante de gente que va y viene, entre contadores de cuentos, encantadores de serpientes, vendedores de comida y zumos de fruta, acróbatas o aguadores.

Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, La plaza se va transformando con el paso de las horas del día, desde que sale el sol hasta que se pone, alcanzando su máximo apogeo al atardecer.

A escasos metros se levanta la mezquita Kutubia, con un minarete gemelo al de la Giralda de Sevilla y que es el punto más alto de la también conocida como la Ciudad Roja por el color de sus edificios.

Pero de las torres, la más elevada es la del antiguo Palacio de la Medina, del que se conserva la muralla original. Tras su restauración alberga, desde hace dos años, 'El Jardín secreto', dividido en dos, uno exótico, diseñado por un arquitecto inglés y con especies de todo el mundo, en el que reproduce el antiguo sistema de riego; y otro de estilo islámico, con las dos características calles que, como si fueran ríos, se cruzan en el centro donde se levanta una fuente.

Otro palacio, el único que se puede visitar en todo Marrakech, es el de La Bahía, mandado levantar por un visir que tenía cuatro mujeres, una de las cuales da nombre al edificio, y 24 concubinas. De las ocho hectáreas de extensión solo se puede recorrer dos, y en la actualidad este edificio es propiedad del Ministerio de Turismo.

Fue construido entre 1894 y 1900 por los mejores obreros y artesanos, que emplearon materiales como azulejos para los mosaicos, yeso -ornamentados con poesías y versos del Corán- y madera de cedro para los techos, decorados en el interior como si fueran una alfombra, coloreados con tintas naturales (azafrán para el amarillo, índigo para el azul, o henna -la hierba sagrada- para el rojo).

Entre los sitios más visitados de Marrakech también figura, en la parte moderna de la ciudad, el Jardín de Jacques Majorelle, ideado por este pintor francés hijo del reconocido diseñador de mobiliario Art Nouveau Louis Majorelle y adquirido posteriormente por el diseñador Yves Saint-Laurent y su pareja sentimental Pierre Bergé. Alberga plantas de todos los continentes y un museo de la cultura bereber.

También en este área de la ciudad se puede visitar el Museo de Mohamed VI para el Agua, un moderno edificio inaugurado hace menos de un año. Se trata de una institución cultural cuyo objetivo es difundir el uso y la gestión del líquido elemento -que se nombra 63 veces en el Corán- desde el punto de vista económico, social y cultural, y en las distintas etapas de la historia, desde Edad Media a la Contemporánea.

Recorriendo sus tres plantas se pueden conocer diversos aspectos científicos del agua, su relación con el hombre y en distintos ámbitos (como desiertos y oasis), o las técnicas tradicionales de riego, etcétera.

ESSAOUIRA, LA CAPITAL DEL VIENTO

A menos de 200 kilómetros y tres horas de viaje por carretera desde Marrakech se encuentra Essaouira, una ciudad portuaria conocida también por su antigua denominación de Mogadur -que deriva del vocablo fenicio "migdol" que significa Atalaya-.

Bañada por el Atlántico, es 'la capital del viento'. Su ubicación, al norte del cabo Sim, y las condiciones meteorológicas, la convierten en el destino perfecto para los amantes del surf.

Pero esta tranquila y bonita urbe, que cuenta con cerca de 80.000 habitantes, también destaca por su medina, protegida por murallas y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO a comienzos de siglo.

La economía local se basa en la pesca y en la industria maderera, y también en el comercio de productos de artesanía y joyería, especialmente de plata.

A Essaouira, escenario de la película 'Otelo' de Orson Welles, se llega desde Marrakech atravesando campos de argán, a cuyos árboles trepan cabras, que se comen el fruto. La semilla es empleada para obtener el famoso aceite, fabricado de forma artesanal por mujeres en las cooperativas de la zona y usado en la cocina y especialmente en la cosmética.