La iglesia de San Agustín de Almagro (Ciudad Real) une a Francisco Nieva con su admirado Amalio Fernández

 

La iglesia de San Agustín de Almagro (Ciudad Real) une a Francisco Nieva con su admirado Amalio Fernández

Actualizado 17/07/2010 16:37:09 CET

CIUDAD REAL, 17 Jul. (EUROPA PRESS) -

La exposición central del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro ya ha superado las 2.000 visitas de personas que han podido descubrir dos importantes figuras del teatro de Castilla-La Mancha, dos hombres que, con cien años de diferencia fueron unos visionarios de lo que debe ser la escenografía como complemento imprescindible del trabajo actoral para recoger el sentido completo del texto: Francisco Nieva y Amalio Fernández.

Como ha recordado a Europa Press el director del Museo Nacional del Teatro, Andrés Peláez, la muestra que ha comisariado es un viaje por la escenografía romántica en el que ha unido a dos grandes diseñadores de la escena que, además de estar vinculados por su visión estética --aunque uno viviera un siglo antes que el otro--, también lo estaban por el espacio geográfico en el que nacieron.

"Dos castellano-manchegos como Francisco Nieva (Valdepeñas, 1924) y Amalio Fernández (La Gineta (Albacete), 1859) necesitaban ya ser reconocidos en su tierra por su trabajo como visionarios de lo que es el mundo de la escenografía", ha dicho Peláez, que seleccionó a estos artistas por otras muchas características que tienen en común como, por ejemplo, la visión de ambos a la hora de vestir la escena en la que impera una gran preocupación por el color, por lo plástico y porque no sea sólo un espacio en el que los actores se pongan delante, sino que complemente al texto.

"Además, a ambos les une también la pasión por la música, especialmente por la ópera", ha indicado el director del centro museístico, quien ha recordado que Fernández fue un gran wagneriano que conquistó al compositor alemán con la belleza de su obra, lo que le llevó a proponerle como escenógrafo de "La valkiria" o "Parsifal" en el Teatro Real de Madrid. Precisamente de estas dos obras se pueden ver varios bocetos en la exposición de la Iglesia de San Agustín que pertenecen a la colección del Museo Nacional del Teatro.

"También existían en nuestros fondos dibujos de la magnífica escenografía que, por recomendación de Wagner a Eugenia de Montijo, se le encargó a Fernández para el estreno de la ópera "Aída" en El Cairo en 1880 con motivo de la inauguración del Canal de Suez. Sin embargo, una incorrecta conservación provocó que, cuando llegué al Museo, la humedad ya los hubiera borrado", ha manifestado como anécdota Andrés Peláez.

No obstante, la buena conservación que en los últimos años se ha hecho de las piezas, permite que sí se puedan ver otras muchas obras que hoy se encuentran entre los fondos del centro museísticos, como los que realizó para las zarzuelas de Roberto Chapí --con cuya hija se casó Fernández-- como Margarita la Tornera.

"Sus dibujos están considerados como las mejores acuarelas de la historia del arte español por expertos del Museo del Prado y así lo han podido comprobar las más de mil personas que en menos de una semana ya han pasado por la Iglesia de San Agustín", ha apuntado

ABANDONÓ ESPAÑA

Otro aspecto de su biografía en el que Amalio Fernández vuelve a coincidir con Nieva es la razón por la que ambos abandonaron su vocación como escenógrafos en España: la falta de inversión en este área por parte de los productores, lo que motivaría que Francisco Nieva se centrara más en la escritura y que Amalio Fernández se marchara --tras triunfar en lugares como Londres o Paris-- a Estados Unidos.

En 1928 este albaceteño, gran renovador de la escenografía y un artista clave en la pintura del teatro, fallece siendo considerado en Los Ángeles como un mito de su profesión, hasta el punto de que se le dio sepultura junto a mitos de la talla de Rodolfo Valentino o Mary Pickford.

"Amalio Fernández abrió caminos que Francisco Nieva conocería desde pequeño de la mano de sus familiares, amantes del teatro, lo que le llevó a tener una gran admiración por el artista albaceteño, y así lo demuestra el hecho de cómo se emocionó al visitar la muestra y ver que su nombre aparecía ligado al de su admirado Amalio", ha asegurado el comisario de la exposición, quien ha agregado que esa admiración le llevó a seguir sus mismos criterios estéticos y en la exposición central del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro así lo puede apreciar el público.

DESDE LA DÉCADA DE LOS 60

Por lo que se refiere a los trabajos que se pueden ver en esta exposición de Nieva, Andrés Peláez afirmó que se encuentran muchos de los que realizó de la década de los 60 hasta los 80, en los que puso la escenografía a grandes títulos de autores como Calderón de la Barca, Tirso de Molina o Valle Inclán, además de los que diseñaba para su propio teatro, como es el caso de "Coronada y el toro" o "Pelo de tormenta".

También hay un homenaje a su último estreno -hace poco más de un mes en el teatro Valle Inclán de Madrid-, "Tórtolas, Crepúsculo y Telón" de la que se exhibe el traje que lucía la actriz Esperanza Roy "y que ha sido diseñado por una de las mejores figurinistas actuales del país, la puertollanera Rosa García Andújar, una joven con talento, trabajadora e imaginativa".

En opinión de Andrés Peláez, una de las piezas claves que se pueden ver en esta exposición es un telón que realizó Nieva para el estreno en 1968 en el Teatro Español de "El zapato de raso" de Paul Claudel, una obra que se puso en escena por empeño del entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, y que tenía una duración inicial de ocho horas, aunque la adaptación de Antonio Gala la redujo a tres. Se trata de una pieza de 16 x 12 metros en el que se representa una batalla naval realizada sobre un dibujo del artista valdepeñero y que se hizo en Milán.

"Invitaría a todos los ciudadanos a que conozcan esta exposición porque creo que, de cuantas he hecho en Almagro, es de la que estoy más satisfecho porque ha servido para rescatar del injusto olvido a una figura referencial del teatro y del cine como Amalio Fernández, además de recuperar una parte más olvidada de Francisco Nieva para demostrar que hacía tanta o más literatura cuando pintaba que cuando escribía", ha concluido Andrés Peláez.

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