500 años del juramento de Carlos I en Valladolid

Carlos V, el Rey Emperador
EUROPA PRESS
Actualizado 08/02/2018 12:46:36 CET

VALLADOLID, 4 Feb. (EUROPA PRESS) -

La próxima semana --entre los días 7 y 9 de febrero-- se cumplen 500 años del juramento de Carlos I como rey de Castilla y de León en las Cortes que se celebraron en el Colegio de San Gregorio de Valladolid, junto a la iglesia de San Pablo, una ceremonia no exenta de controversia por las reclamaciones que los procuradores le presentaron al nuevo soberano.

Tras la muerte de Fernando el Católico en 1516 y ante la incapacidad de la reina Juana para hacerse cargo de la corona, Carlos debía convertirse en soberano, pero antes de que las Cortes confirmaran esta decisión, el joven Habsburgo decidió proclamarse monarca de las coronas de Castilla y Aragón de forma unilateral desde los Países Bajos, lo que provocó quejas y protestas tanto en la península ibérica como en los territorios aragoneses en Italia, hasta el punto de que en Sicilia estalló una revuelta que obligó a intervenir al virrey de Nápoles, Ramón de Cardona, para pacificar la situación.

Finalmente, en el otoño de 1517 Carlos desembarcó en la costa asturiana para dirigirse a Castilla y ser proclamado como poseedor de la corona, a pesar de que apenas sabía hablar la lengua de sus súbditos, lengua que, paradójicamente, sería una de sus predilectas en su madurez. Tras un largo peregrinar por el reino, el futuro emperador llegó a Valladolid, donde se celebrarían las Cortes en las que recibiría el juramento de los procuradores.

Previamente, Carlos había visitado a su madre, Juana I, en Tordesillas (Valladolid) y se había reunido en Mojados (Valladolid) con su hermano Fernando, al que hasta ese momento no conocía en persona, pues mientras él nació en Gante y permaneció allí para educarse por voluntad de su padre, Felipe el Hermoso, su hermano nació en Alcalá de Henares (Madrid) y su abuelo, Fernando el Católico, se impuso en su pretensión de que se criara en Castilla.

No llegó a reunirse, en cambio, con el regente del reino tras la muerte del rey católico, el cardenal Cisneros, quien falleció antes de poder advertir al joven monarca, como pretendía, de que respetara los usos de Castilla para evitar inestabilidades internas, pero que se topó con las reticencias de los asesores flamencos de Carlos, los cuales recelaban de la influencia que el purpurado pudiera ejercer sobre su señor.

CONVOCATORIA

Así las cosas, el 14 de diciembre de 1517 se convocaron formalmente las Cortes, cuyos miembros se reunieron el 2 de febrero de 1518 en el colegio de San Gregorio, junto al monasterio de San Pablo, con las protestas del procurador burgalés Zumel por el nombramiento de Le Sauvage, un extranjero, como presidente de las Cortes.

Posteriormente, el domingo 7 de febrero de 1518 Carlos compareció ante las Cortes para jurar los fueros de la corona castellana, mientras que el martes 9 estas Cortes lo juraron a él como rey, título que debería compartir con su madre, la legítima soberana aunque incapacitada, mientras ésta viviera.

Por su parte, los procuradores dirigieron 88 peticiones al rey, entre las cuales figuraban que no se otorgasen cargos públicos, dignidades eclesiásticas ni cartas de naturaleza a extranjeros; la prohibición de extraer metales preciosos, monedas y caballos de Castilla; un trato más respetuoso para la reina Juana, y que no se enajenase ninguna tierra del patrimonio real.

A pesar de estos acuerdos, la candidatura imperial de Carlos tras la muerte de su abuelo Maximiliano de Austria provocó nuevos incidentes en Castilla, que rechazaba contribuir económicamente a la causa, lo cual se agravó con su marcha a Alemania una vez elegido sucesor de Carlomagno, todo lo cual desembocó en la revuelta y guerra de las Comunidades que concluyó con la derrota de los líderes comuneros en la Batalla de Villalar (Valladolid), el 23 de abril de 1521.