La provincia de Valladolid posee un total de 140 bodegas visitables que ofrecen degustaciones y paseos por los viñedos

Bodegas
EP
Actualizado 12/09/2010 16:47:43 CET

VALLADOLID, 12 Sep. (EUROPA PRESS) -

Valladolid posee un total de 140 bodegas vinícolas en las cinco denominaciones de origen de la provincia que ofrecen tanto visitas guiadas, como degustaciones gastronómicas y de sus caldos o paseos por los viñedos.

Según datos recogidos por Europa Press de la Diputación Provincial, más de la mitad de todas ellas se sitúan en la Ribera del Duero, 76 en total; mientras que Rueda es la segunda con mayor número de estos centros enoturísticos, 31; seguida de Cigales, 24, y Toro, ocho.

Asimismo, la localidad de Mayorga acoge la única de las bodegas visitables de Valladolid que se adscribe a la Denominación de Origen Tierra de León.

La mayoría de estas bodegas cuentan además con servicios como comedores, tiendas, salones de catas, de proyección, exposiciones o salones sociales, y muchas de ellas ofrecen la posibilidad a sus visitantes de realizar el recorrido en diferentes lenguas como inglés, francés, alemán, italiano u holandés, al margen del español.

La duración de estas visitas oscila en función de la bodega entre la media hora y las dos horas, aunque los 60 minutos es el tiempo más habitual para conocer estas bodegas en las que los guías muestran al turista las instalaciones de las mismas o las cepas de las que se obtiene el vino, al tiempo que algunas de ellas permiten a sus visitantes degustar el resultado de su trabajo.

De acuerdo con las mismas fuentes, estas catas se realizan con una "copa especial" cuyas características determina la norma Afnor en un lugar "tranquilo y silencioso". En este sentido, se señala que la temperatura "debe adecuarse" al tipo de vino y su degustación "conviene comenzarla" por los blancos, para continuar después por los tintos y rosados hasta concluir con los dulces.

FASES DE LA CATA

Dicha cata se compone de una fase visual donde se aprecian la limpieza del caldo, la fluidez o la intensidad del color; tras lo que tiene lugar una fase olfativa en la que se analizan los distintos aromas que el vino adquiere desde que la uva se encuentra en la vid, así como durante la fermentación y envejecimiento del licor. Por último, llega la fase de saborear el vino y evaluar factores como su astringencia, su equilibrio, su persistencia y su 'postgusto'.

Las mismas fuentes han indicado que aquellos vinos que se deben consumir a una menor temperatura "para disfrutar mejor de sus cualidades" se encuentran los blancos dulces, en torno a los cinco grados; seguidos por los espumosos, entre seis y ocho grados; los blancos jóvenes, entre siete y diez; blancos crianza, rosados y claretes, entre diez y doce grados; los tintos jóvenes, entre doce y 15; tintos crianza, entre 14 y 17, y los tintos reservas, 17 y 18 grados.