Condenado a 22 años de cárcel por degollar a una mujer en un cajero del Eixample en 2012

Fachada de la Audiencia de Barcelona
EUROPA PRESS
Publicado 07/07/2014 16:30:29CET

La víctima murió horas después en el hospital tras recibir 19 puñaladas, patadas y golpes

BARCELONA, 7 Jul. (EUROPA PRESS) -

La Audiencia de Barcelona ha condenado a 22 años de prisión al ciudadano irlandés Sean H. por degollar a una mujer en la puerta de un cajero automático situado en el chaflán de la calle París con Aribau, en el Eixample de Barcelona, la mañana del 29 de septiembre de 2012.

En una sentencia a la que ha tenido acceso Europa Press, la Audiencia considera que el acusado sobre las 7 horas salió del cajero donde había dormido cuando la mujer llamó a la puerta para que le abriera, y allí le dio un puñetazo que la tiró al suelo y luego patadas y puñetazos "con la intención de acabar con su vida, o al menos siendo consciente de que podía acabar con ella".

Como por la calle pasaba gente, el acusado dejó de golpearla, se acercó a una mujer que se aproximó, y luego, tras intentar sin éxito volver a entrar en el cajero, se dirigió otra vez a la víctima --inmóvil en el suelo-- y la acuchilló 19 veces en el cuello y en la cara, incluyendo una alrededor del cuello degollándola.

Cuando se percató de que en la acera de enfrente había tres personas, dejó de golpearla no sin antes pisarle la cabeza, y comenzó a caminar normalmente bajando por la calle Muntaner siendo perseguido por uno de estos testigos por el otro lado de la calle, que le dio el alto en varias ocasiones.

El acusado trató de coger un taxi para escapar, pero en ese momento llegaron los Mossos d'Esquadra y lo detuvieron; la víctima fue trasladada al Hospital Clínic de Barcelona --situado a dos manzanas-- pero murió a las 13.05 horas por las hemorragias que le causaron las heridas.

CONFESÓ EL CRIMEN

Tras el juicio, el jurado popular consideró que Sean H. fue quien mató a la víctima y que además lo hizo de forma alevosa; el acusado también confesó ser el autor del crimen y los testigos así lo corroboraron.

Los informes médicos y los peritos concluyeron en el juicio que el acusado no padecía ningún trastorno mental, "que distingue perfectamente y de forma clara lo que está bien y lo que está mal", aunque sí pusieron sobre la mesa rasgos de su personalidad como su inseguridad, falta de empatía y falta de sentimiento de culpabilidad.

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