Un juez contradice a Trànsit y niega que fueran ebrios los cinco muertos del accidente de Santa Margarida hace dos años

Actualizado 28/12/2006 17:50:55 CET

El ex director del SCT sugirió que el suceso se debió al consumo de alcohol y desde entonces las familias luchan para que rectifique

BARCELONA, 28 Dic. (EUROPA PRESS) -

Los cinco jóvenes que el 24 de diciembre de 2004 murieron en un accidente de tráfico en Santa Margarida i els Monjos (Barcelona) "no habían ingerido alcohol ni otra sustancia que hubiera podido influir de algún modo en la conducción", pese a que el ex director del Servei Català de Trànsit (SCT) Rafael Olmos explicó el mismo día del siniestro a los medios de comunicación que había restos de botellas en el coche y que hubo "un consumo de alcohol" por parte de los fallecidos.

Así queda recogido en la sentencia dictada por el juez de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Vilafranca del Penedès (Barcelona), que ha absuelto a los dos camioneros implicados en el accidente de la falta de imprudencia leve con resultado de muerte de la que les consideraban responsables las familias de dos de los fallecidos, que ejercen la acusación particular y entienden que el siniestro se debió tanto al exceso de velocidad de los camiones como a una maniobra poco hábil del conductor del coche.

El accidente ocurrió sobre las 8 de la mañana del 24 de diciembre de 2004, hace ahora dos años, cuando los cinco jóvenes fallecidos regresaban a Barcelona en un Opel Corsa desde Segur de Calafell (Tarragona), donde se habían quedado a dormir en casa de un amigo tras asistir a una fiesta universitaria en la localidad.

Según declara probado la sentencia, a la que ha tenido acceso Europa Press, los jóvenes circulaban por la N-340 y, a la altura de Santa Margarida i els Monjos, el conductor, Rafael V.N., inició una maniobra de adelantamiento del camión que le precedía, rebasando para ello una línea discontinua que pocos metros después se transformó en continua, al tiempo que el coche superaba una señal vertical que prohibía adelantar.

Al situarse en el carril de sentido contrario, el conductor vio venir a otro camión e intentó volver a su carril, pero, cuando ya estaba a punto de concluir el adelantamiento, la parte trasera del Opel Corsa chocó con la parte delantera del camión, de manera que el coche quedó situado transversalmente en el carril contrario y fue "arrollado brutalmente" por otro camión que circulaba en esa dirección.

Se da la circunstancia de que el conductor del vehículo había obtenido el permiso de conducir una semana antes del accidente, en el que tanto él como sus cuatro compañeros, Raúl Antonio C.C., David P.R., Alexandra S.C. y Sergio P.C., perdieron la vida en el acto.

En su sentencia, el magistrado admite que los dos camioneros circulaban con exceso de velocidad (a 90 kilómetros por hora cuando sólo les era permitido ir a 80), pero considera que éste es "un efecto indirecto sin el cual el accidente se habría producido igualmente".

Por otra parte, el juez considera que el conductor del camión que el Opel Corsa pretendía adelantar no actuó de forma "negligente ante una situación de peligro", ya que facilitó la maniobra "en la medida de lo posible", tal y como se desprende de la declaración de los testigos del accidente y del análisis de los datos registrados en el tacógrafo del vehículo.

"IMPRUDENCIAS CONSECUTIVAS" DEL CONDUCTOR.

Las familias de los fallecidos nunca han discutido la impericia del conductor, quien según la sentencia, "encadenó diversas imprudencias consecutivas" por "su falta de experiencia en la conducción", entre ellas, circular a una velocidad superior a la permitida para un conductor novel, adelantar sin espacio suficiente o disminuir la velocidad al advertir una línea continua que prohibía el adelantamiento sin llegar a abortarlo definitivamente.

La polémica entre las familias de los fallecidos y los responsables del SCT tiene su origen pocas horas después del siniestro, cuando el entonces director de Trànsit y actual director general de los Mossos d'Esquadra, Rafael Olmos, explicó a los medios de comunicación que en el interior del coche había restos de botellas y que se había producido "un consumo de alcohol".

"Esto es una hipótesis, pero había restos y al final sabremos, a partir de los datos del forense, cuál era la situación", dijo. La cuestión es que, según los forenses, los jóvenes no habían tomado alcohol ni drogas y se supo después que las botellas encontradas en el coche eran de los padres de una de las víctimas.

Ahora, dos años después del siniestro, la sentencia del juzgado de Vilafranca declara probado que "ninguno de los fallecidos había ingerido alcohol ni otra sustancia que hubiera podido influir de algún modo en la conducción".

Tras conocer la resolución, los familiares de los jóvenes esperan que el ex director del SCT admita que sus declaraciones fueron "precipitadas" e "imprudentes" para que no quede que ellos tuvieron la culpa del accidente mortal por ir bebidos. Su deseo es que Olmos lo reconozca públicamente, en una nota oficial, algo a lo que él se ha negado en reuniones anteriores con los familiares alegando que se refirió al consumo de alcohol como una hipótesis.

"RESTABLECER EL HONOR QUE SE MERECEN".

En declaraciones a Europa Press, la madre de uno de los jóvenes fallecidos, Natalia Catalina, explicó que su "lucha" por que Olmos "rectifique su primera hipótesis de lo ocurrido" pretende "restablecer el honor que --los jóvenes-- se merecen" y señaló que el hecho de que el ex director del SCT hablara de su hijo "fue caer en un sensacionalismo que sólo nos hace daño a todos".

En este sentido, el abogado que representa a las familias, Alex Zaragüeta, añadió que, en su opinión, Rafael Olmos "aprovechó el accidente para hacer una campaña de tráfico porque era Nochebuena". El letrado, por otra parte, destacó que resulta "curioso" que la sentencia mencione que el conductor podía estar cansado "tras una noche sin dormir", ya que no se habló de esta cuestión en el juicio.

Según el letrado, esa información no es cierta, ya que los jóvenes habían pasado la noche en casa de un amigo, y demuestra "el grado de intoxicación que producen las manifestaciones del director del SCT".

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