Miquel Molina recorre "las ilusiones perdidas" en su segunda novela 'La Sonámbula'

Miquel Molina
DESTINO
Publicado 13/01/2018 13:30:59CET

Escribe un "thriller introspectivo" con dosis de misterio

BARCELONA, 13 Ene. (EUROPA PRESS) -

El periodista y novelista Miquel Molina recorre "las ilusiones perdidas" en su segunda novela 'La Sonámbula' (Destino), protagonizada por la exbailarina Marta, que tras una lesión inesperada vive sumida en una espiral de pensamientos que la mantienen encerrada en casa.

En una entrevista de Europa Press, el escritor y director adjunto de 'La Vanguardia' ha explicado que el hecho de que su protagonista sea una bailarina le ha permitido ilustrar la pérdida de ilusiones "con la elegancia de las bailarinas" y su icónico paso 'port de bras'.

La pérdida de ilusiones en su novela ilustra, a su juicio, la sensación que todos los seres humanos se van encontrando: "Quieres ser astronauta y te das cuenta que no has nacido en el país de donde salen los astronautas".

En la primera novela, 'Una flor del mal' (2014), Molina tuvo como protagonista a una joven francesa del siglo XIX con una voz optimista e ilusionada, mientras que en este caso ha optado por una mirada más pesimista y cómo afecta la vivencia de experiencias traumáticas.

Se trata de "un thriller de fórmula clásica que evoluciona hacia un thriller introspectivo", con un misterio añadido: la protagonista sale un día en ayuda de su vecina, una mujer mayor que acaba de sufrir un ictus, y entrevé después la cabellera de una mujer rubia, inerte, que alguien ha querido esconder bajo las sábanas de la cama de una habitación cerrada.

SURGIDA DE UNA ANÉCDOTA REAL

Ha relatado que la novela parte de una anécdota real que le sucedió a él hace muchos años, cuando al tratar de socorrer a su vecina, se vio inmerso en una sala de estar ajena llena de cuadros y muebles antiguos: "Pero no tuve la valentía de mi protagonista de descubrir su mundo".

En sus páginas, Molina también reflexiona sobre las relaciones amorosas, y acuña la expresión "dos o ninguno" al considerar su protagonista que la única manera de evitar que una relación entre dos personas se convierta en una cárcel es abrir esa celda a otra persona.

"Es la experiencia de mi generación", ha dicho Molina sobre las personas criadas en los años 70, quienes esperaban de la vida relaciones abiertas, y se encontraron después con una realidad mucho menos excitante.

La novela está narrada en primera persona porque su autor quería construir un relato "muy desde dentro hacia afuera", y si la primera tenía una aproximación más periodística porque investigaba el misterio tras el cuadro, en ésta ha tenido que dejar de lado el hecho de ser periodista.

"Quería hacer esta ruptura y buscar mi voz narrativa", ha dicho el autor, que trató de ponerse a prueba, y a su juicio el resultado fue sorprenderse a sí mismo con su protagonista y quedarse con la sensación de haber escalado el Everest.