BARCELONA, 2 Feb. (EUROPA PRESS) -
La visita a Gambia de una intendenta de los Mossos d'Esquadra y de una responsable de Interior ha conseguido que al menos una comunidad descarte practicar la mutilación genital femenina (mgf) y otras empiecen a replanteárselo.
Este es uno de los principales logros del viaje de una semana de la jefa de los Mossos en el distrito de Sants-Montjuïc de Barcelona y miembro del Comité de Ética de la Policía, Cristina Manresa, y de la responsable de Relaciones, Asociaciones y Mediación de la Conselleria, Noemí Ayguasenosa.
De las 28 comunidades y escuelas con las que han contactado, el líder de una de ellas ya ha anunciado públicamente que no practicarán nunca más la mgf a sus niñas, mientras que otros han admitido las razones médicas, psicológicas y culturales en contra de esta práctica tradicional tan extendida y podrían replanteársela.
En sus charlas, de unas ocho horas cada una, las dos representantes de la Generalitat pudieron hablar con unas 600 personas, entre las que había líderes religiosos --mayoritariamente musulmanes--, políticos, comadronas, mutiladoras y comunicadoras tradicionales --cantan resumiendo las charlas--. También hablaron en escuelas y con los hombres de los poblados y dieron una rueda de prensa a la que acudieron, por primera vez para tratar este tema, una docena de medios de comunicación.
En sus charlas en Gambia Oriental --con 234.917 habitantes--, Manresa y Ayguasenosa estuvieron acompañadas de miembros de la ONG local Gambian Commitee on Tradicional Practices (Gamcotrap), que lucha a favor de los derechos humanos, de los niños y las mujeres, así como de un líder religioso que "desmontaba" los argumentos tradicionales y culturales sobre esta práctica.
A las charlas acudían mujeres mutiladas que miraban horrorizadas fotografías que les mostraban sobre las afectaciones en algunas intervenciones, tumores, hernias, infecciones o complicaciones en los partos.
Incluso algunos niños y hombres, al ver las posibles consecuencias de este tipo de intervenciones, reaccionaban pidiendo a sus esposas o progenitores que no mutilaran a sus hijas o hermanas.
En las comunidades gambianas está extendida la creencia de que una mujer mutilada será más fiel, más limpia, llegará virgen al matrimonio y tendrá menos complicaciones en el parto. El gobierno gambiano prohíbe la práctica, pero no la persigue, aunque hasta hace diez años los miembros de Gamcotrap sí eran encarcelados.