El terapeuta de Sabadell condenado por abusos decía que estaba en contacto con Dios

Publicado 13/05/2018 19:02:01CET

Un informe psicológico determina que creó una "deriva sectaria" para controlar a sus víctimas

BARCELONA, 13 May. (EUROPA PRESS) -

El presunto terapeuta de Sabadell (Barcelona) Francisco F.C., condenado a 23 años de prisión por cuatro delitos de abusos sexuales, creó una "deriva sectaria de tipo pseudoterapéutico" para ejercer control e influjo sobre sus víctimas, ante las que afirmaba estar en contacto con Dios o se consideraba Jesucristo.

Según el informe psicológico pericial al que ha tenido acceso Europa Press, el supuesto experto en terapias naturales realizó maniobras tendentes a alterar la autoridad y aislar a sus víctimas de sus entornos previos desacreditando a sus familiares y amigos, y presentándose como "guía" espiritual para cometer los abusos, consistentes en tocamientos --que denominaba masajes energéticos-- y, en algunos casos, masturbaciones, felaciones o penetraciones.

"Una vez aceptado que somos seres de luz originales y que los nudos de los demás no nos pertenecen, tendremos la posibilidad de empezar la desprogramación", les decía el terapeuta, según el testimonio de cuatro de sus víctimas recogido en el informe elaborado por el psicólogo experto en sectas Miguel Perlado.

El hombre también creaba un estado de dependencia en sus víctimas, les inducía emociones intensas y activaba su miedo, culpa y ansiedad diciéndoles que si no querían obedecerle morirían "espiritualmente", que acabarían mal psicológicamente o que su casa o familia se verían afectados.

JESÚS Y MARÍA MAGDALENA

Una mujer de la que abusó sexualmente entendía que el hombre estaba obsesionado con ella porque "le decía que él era Jesús y ella María Magdalena, que eran dos almas del pasado que habían venido a iluminar el presente y que juntos podrían cambiar el mundo", según también detalla la sentencia condenatoria de la Audiencia Provincial de Barcelona.

Otra estrategia usada por el terapeuta de Sabadell para someter a sus víctimas era denigrar el pensamiento crítico afirmando que el cerebro suponía una interferencia a los avances terapéuticos que hacía y lo identificaba con el "demonio", mientras que el alma estaba relacionada con Dios, según detallan el informe y la sentencia.

También se presentaba fraudulentamente como profesional, llamaba "veterinarios" a los médicos y distorsionaba datos para ensalzar su figura ante las víctimas explicando falsedades como que había hecho un estudio en Estados Unidos, que había estado en un templo de Tíbet o que había sido sargento.

CONTROL SOBRE LAS VÍCTIMAS

Llegó a imponer un control del lenguaje para hacerlo "comprensible tan sólo para los adeptos y con apariencia de profundidad", y a supervisar la dieta, la ropa y las relaciones sentimentales de al menos dos de sus víctimas, a las que obligó a separarse de sus respectivas parejas y a juntarse.

Cuando alguna de sus víctimas se resistía a aceptar los abusos reaccionaba agresivamente y con violencia verbal gritando cosas como que la culpa era de "su puta cabeza" o les denigraba ante el grupo asistente a la consulta.

Como resultado de ello, el informe señala que tres de sus víctimas sufrieron estrés postraumático vinculado a "a la experiencia de abuso verbal, emocional, espiritual y sexual", y que una cuarta padeció una reacción de estrés agudo puntual y limitada en el tiempo.