La vegetación de Collserola sepulta los últimos vestigios del Gran Casino de La Rabassada

Antigua Casino De La Rabassada, Hoy Sepultado Por La Vegetación
ARCHIVO FOTOGRÁFICO DE BARCELONA
Actualizado 12/11/2011 12:20:57 CET

BARCELONA, 12 Nov. (EUROPA PRESS) -

La vegetación de Collserola ha acabado por sepultar los últimos vestigios del Gran Casino de La Rabassada, un siglo después de su inauguración en el corazón de la montaña barcelonesa como muestra del "lujo y esplendor modernista" de la época.

La historia de esta peculiar construcción, que ahora recoge el libro 'El Gran Casino de la Rabassada' (Viena Edicions) de Pere Fàbregas y Carlota Giménez, contó en su día con un presupuesto de 2,5 millones de pesetas, que jamás se recuperó, y se edificó como parte de un complejo lujoso ideado para la burguesía de la ciudad, que incluyó un parque de atracciones, hotel y restaurante.

En declaraciones a Europa Press, Fàbregas ha explicado que el libro es el resultado de 15 años de investigación sobre un proyecto que se inició en un contexto de crecimiento e impulso industrial sin igual que hizo que la burguesía demandara espacios donde relacionarse, aunque el "arriesgado" proyecto no tuvo en cuenta los aires prohibicionistas del juego que soplaban.

Así, las "presiones y multas" impuestas hicieron que en 1912 se prohibiera el juego en el casino, si bien Fàbregas apunta a que posiblemente se siguió jugando a escondidas hasta la prohibición definitiva en los años 20 durante la dictadura del general Primo de Rivera.

El complejo cambió de manos, mientras la sociedad que edificó el casino quebró por su incapacidad de hacer frente a los pagos comprometidos, y siguió funcionando el hotel, el restaurante y el parque de atracciones, construido todo ello al pie de la carretera que conecta la capital catalana con el Tibidabo y por la que circulaba el tranvía.

DEMOLICIÓN EN LOS AÑOS 40

La llegada de la Guerra Civil asestó el golpe definitivo al casino, si bien por aquel entonces "ya estaba casi muerto" debido a la falta de ingresos para mantener las instalaciones, y el hotel fue incautado y se utilizó como cuartel de un batallón de carabineros, ha relatado Fàbregas.

El restaurante se utilizó para organizar un banquete de despedida a las Brigadas Internacionales y, superado el conflicto, el propietario Lluís Ponet consideró imposible reflotar el negocio, por lo decidió derruirlo para evitar que el deterioro fuera a más.

Entre 1942 y 1943 se acometió el derrumbe, que dejó en pie una parte de la terraza por la instalación en el lugar de un transformador eléctrico, mientras que la vegetación, inexorablemente, ha ganando terreno y ha sepultado los últimos vestigios.

Actualmente ni siquiera el transformador sigue en pie, y tan solo son visibles la fachada de la entrada de lo que fue el hotel, además de fragmentos de escalinatas, arcos, fuentes, bancos de piedra e incluso tres rosetones con el rostro de una dama de piedra, escondido todo ello entre la vegetación, como muestra del "espejismo efímero de lujo, sofisticación y libertinaje".