Sábado, 11 de Febrero 2012 Editado por  europa press
 
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El Abanico

Las ayudas a la dependencia, a cuentagotas

   Que los políticos se enzarcen en debates sobre los cementerios nucleares, la cadena perpetua, la emigración y dejen de lado asuntos tan graves como la aplicación de la Ley de Dependencia, que afecta a los más necesitados de nuestro país -los mayores y los enfermos-, demuestra hasta que punto los políticos -algunos, no todos- viven ajenos a los problemas reales de la gente. A esos que de verdad les afectan en su día a día, que les impide moverse o asearse. Pero demuestra también la poca humanidad de quienes teniendo la obligación de aplicar una ley salida del Parlamento, no lo hacen, o si lo hacen es sólo a cuentagotas para calmar su mala conciencia.

   Que los expedientes de los dependientes se pierdan en un cajón, tarden meses en estudiarse y que los pocos a quienes se les conceden las ayudas tarden meses, a veces años en recibirlas, demuestra una vez más que para algunos políticos prima el "o conmigo o contra mí", antes que la ayuda a quienes tienen la obligación de atender, les hayan votado o no, porque son ciudadanos que necesitan a las administraciones para seguir viviendo con dignidad. Con la consiguiente desesperación de sus familiares, la mayoría de los cuales acaban con profundas depresiones de las que les resulta muy difícil salir.

   Prueba de lo que digo es la situación de una mujer de 68 años, aquejada de alzheimer, cuyo marido, ante la imposibilidad de pagar a una persona para que la cuide mientras él se va a trabajar, la deja encerrada en la casa desde las 9 de la mañana hasta las 2 de la tarde que va a darla de comer. Para evitar males mayores él antes de salir de casa desconecta el gas, la electricidad, todo aquello que pueda suponer un peligro para ella. Me lo contó llorando, desesperado, porque aunque su mujer no le reconoce, él la quiere con locura. Prueba de ello es que lleva un año sin hacer otra cosa que ir del trabajo a casa y de casa al trabajo. Él se ocupa de la limpieza personal de ella -a estos enfermos se les olvida hasta lavarse los dientes-, de la casa, de hacer la comida, de ir a la compra, de llevarla al médico -siete meses han tardado en hacerle unas pruebas, resultado que le entregaran el próximo lunes para saber el grado de la enfermedad, y así ponerle una medicación que retrase o amortigüe los estragos que le está produciendo en su cerebro-.

   Supongo que los presidentes de las comunidades autónomas, o sus consejeros, no tienen padres, hermanos, maridos o hijos dependientes, no un poco sino muy dependientes, de lo contrario harían lo imposible para que la ayuda económica llegase no a cuentagotas sino urgentemente a quienes la esperan como agua de mayo.


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