Rastros de cómo el cambio climático quebró un ecosistema marino jurásico

 

Rastros de cómo el cambio climático quebró un ecosistema marino jurásico

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Fósiles de bivalvos, abundantes antes de la caída de oxígeno
THE UNIVERSITY OF TEXAS AT AUSTIN/ROWAN MARTINDALE
Publicado 17/07/2017 10:19:36CET

   MADRID, 17 Jul. (EUROPA PRESS) -

   Usando una combinación de fósiles y marcadores químicos, se ha rastreado cómo un periodo de bajo nivel de oxígeno oceánico acabó con la biodiversidad en un ecosistema marino del Jurásico Temprano.

   La investigación fue dirigida por Rowan Martindale, profesor asistente en la Escuela Austin Jackson de Geociencias de la Universidad de Texas, Estados Unidos, y publicada en la revista 'Palaeogeography, Palaeoclimatology and Palaeoeconology'. El estudio fue coescrito por Martin Aberhan, del Instituto para la Evolución y la Ciencia de la Biodiversidad en el Museo de Historia Natural de Berlín, Alemania.

   El trabajo se centra en un sitio de fósiles recientemente descubierto en Canadá situado en Ya Ha Tinda Ranch cerca de Banff National Park en el suroeste de Alberta. El sitio registra fósiles de organismos que vivieron hace unos 183 millones de años durante el Jurásico Temprano en un mar poco profundo que alguna vez cubrió la región.

   El sitio fósil amplía el expediente científico del acontecimiento anóxico oceánico del Toarciense, un periodo del bajo oxígeno en aguas superficiales del océano que se presume que fue activado por erupciones volcánicas masivas. El evento oceánico anóxico fue identificado en este sitio por el registro geoquímico conservado en las rocas.

   Estos datos geoquímicos fueron recogidos en un proyecto de investigación anterior dirigido por Benjamin Gill y Theodore Them, de la Universidad Tecnológica de Virginia (Virginia Tech), en Estados Unidos. El nivel de oxígeno del ambiente circundante durante el Jurásico Temprano influye en el tipo y la cantidad de carbono preservado en las rocas, haciendo que el registro geoquímico sea un método importante para el seguimiento de un evento anóxico.

   "Tenemos este hermoso registro geoquímico que nos da una columna vertebral para el momento del evento oceánico anóxico, --explica Martindale, investigador del Departamento de Ciencias Geológicas de la Escuela Jackson--. Así que, con ese marco, podemos ver la comunidad bentónica, los organismos que viven en el fondo del océano, y preguntarnos '¿cómo respondió esta comunidad al evento anóxico?".

EL PERIODO ANÓXICO ANIQUILÓ LA DIVERSIDAD MARINA

   Los fósiles demuestran que, antes del evento anóxico, la comunidad marina de Ya Ha Tinda era diversa e incluía peces, ictiosaurios (reptiles marinos extintos que parecían delfines), lirios de mar, langostas, almejas y ostras, amonites, y coleoideos (octópodos como los calamares). Durante el evento anóxico, la comunidad se derrumbó, se reestructuró y los organismos que vivían en ella se redujeron. Las almejas que fueron más abundantes en la comunidad antes del evento anóxico fueron completamente aniquiladas y reemplazadas por diferentes especies.

   Las almejas que sobrevivieron durante y después del evento fueron mucho más pequeñas que las almejas de antes del evento, lo que sugiere que los bajos niveles de oxígeno limitaron su crecimiento. La vida marina registrada en Ya Ha Tinda antes y durante el evento anóxico es similar a los fósiles hallados en sitios europeos.

   El profesor de Paleontología de la Universidad de Leeds, en Reino Unido, Crispin Little, que no participó en la investigación, cree que la similitud entre los sitios pone de relieve la naturaleza generalizada del evento anóxico. "Esto confirma trabajos previos que sugieren que el T-OAE (evento anóxico) fue realmente un evento global", afirma Little.

   Sin embargo, mientras otros sitios se estaban recuperando del evento anóxico, el ambiente en Ya Ha Tinda continuó enfrentándose al estrés. Incluso, para los bivalvos pequeños y robustos, la vida era dura. "Una de las cosas interesantes sobre la recuperación [en Ya Ha Tinda] es que en realidad vemos menos individuos en un momento en que se supone que estamos viendo la recuperación de la comunidad", agrega Martindale.

   Los fósiles sugieren que el ambiente estaba sufriendo tensiones locales que mantuvieron el oxígeno bajo, dice Martindale, para quien se necesita más investigación para desentrañar por qué la vida en Ya Ha Tinda no se recuperó al mismo ritmo que otros lugares. Dado que el evento oceánico anóxico fue un efecto secundario del cambio climático, mirar atrás a las antiguas comunidades marinas podría ser una ventana a los posibles impactos del cambio climático en curso y futuro, según el coautor Martin Aberhan.

   "Una lección que podemos aprender de este estudio es que, a escala humana, las tensiones relacionadas con el clima pueden tener efectos muy duraderos, sin señales de recuperación durante cientos de miles de años, y que las comunidades antes y después de una crisis de cambio climático pueden verse muy diferentes en su composición y funcionamiento ecológico", concluye Aberhan.

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