COMUNICADO: Pega fuerte

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Actualizado 16/01/2017 12:46:13 CET

Madrid, 16 de enero de 2017.- Ninguna victoria es fruto de la improvisación, más bien de la determinación. Así se lo dice, a su manera desde luego, el bueno de Mickey Goldmill a Rocky en el fragor del combate: “Tenemos un campeón ahí, entra en el cuerpo a cuerpo como un bisonte enfurecido”. Como todo ‘cuarentero’ conoce, Mickey es el entrenador del boxeador en las tres primeras entregas de la saga, sin duda las de mayor éxito de taquilla en la historia del cine, y las que de largo más carga de enseñanza motivacional transmitió con su evocadora banda sonora a millones de espectadores por todo el mundo. Aún hoy este personaje de ficción continúa elevándose hasta alcanzar la categoría de referencia indiscutible, sobre todo para aquellos entrenadores y preparadores que guían a sus discípulos por la senda del éxito. Incluso cuando éste se resiste, porque se trata de ser tenaces en la lucha, sin descanso, inasequibles al desaliento.

Por lo general, en la gran pantalla los guiones suelen ser dulces, con finales amables capaces de reconfortar el alma de los espectadores. Pero la vida real es otra cosa y suele depararnos argumentos más duros e imprevisibles, situaciones en las que tocamos nuestros sueños con la punta de los dedos sin que al final podamos agarrarlos como ocurre en las películas. Así pasa con frecuencia en el campo del deporte, tanto en un nivel básico como en la élite. Una mínima variable como una lesión oculta, un plan de entrenamiento erróneo o una mala alimentación pueden dar al traste con meses de duro trabajo e ilusiones. El camino avanzado se torna entonces en vía muerta y es el estado mental, la motivación, la clave para recuperar el paso hacia el camino correcto.

Las lágrimas de un deportista subido al podio con una medalla al cuello tienen la misma composición que las vertidas por alguien que no alcanzó la meta, pero saben distinto, aquéllas tienen mejor sabor y éstas, aunque amargas, tampoco desmerecen. Cuando alguien llora de emoción por una victoria se aguanta un deseo irrefrenable de bajar del cajón para compartirla con quienes creyeron de forma incondicional en su proyecto desde el principio y, en especial, con su entrenador, la persona que le supo trazar la buena senda y sufrió su mismo sufrimiento en aras del objetivo. Ese mismo preparador, también, se fundirá en un abrazo cuando no se haya conseguido, porque lo entenderá mejor que nadie, porque repetirá una y mil veces que toca levantarse, que ya se vislumbra una próxima vez.

Lo que hace Mickey en la película es claro ejemplo coaching deportivo, pero hay un entrenamiento que va más allá del deporte y trasciende a todo nuestro espectro vital, pues hemos de estar emocional y físicamente bien, a todos los niveles, para acometer nuestros desafíos. Así ocurre en el deporte y en el campo empresarial, que es posiblemente una de las disciplinas no deportivas más difíciles de cuantas existen. Es un hecho constatable que desde el estallido de la gran crisis muchas entidades públicas y privadas han invitado a inversores –en buena parte desempleados- a la generación de riqueza y empleo a través del emprendimiento para, al final, no emprender sino perder. En muchos casos hay una buena idea y pulmón económico, pero el barco acaba hundiéndose sin conocerse el iceberg que causó la brecha mortal.

El secreto no es otro que analizar en profundidad cada detalle de cada caso para ajustar el proyecto de coaching empresarial a las características y circunstancias concretas de cada compañía. Con un asesoramiento permanente durante todo el proceso en el antes, durante y después de su aplicación, mediante un modelo preciso de medición capaz de arrojar indicadores de éxito y/o corrección con arreglo a la visión prevista (objetivos).

La clave del éxito, ya sea en el ámbito del deporte o de la empresa, reside en el coaching y en ese terreno www.javiercoterillo.es coaching es un número 1. Se trata de un experto en coaching de equipos, especializado en los ámbitos deportivo, farmacéutico y ejecutivo. Su secreto consiste en contagiar el entusiasmo que él mismo tiene por su trabajo, y estrategia por supuesto, mucha estrategia. Objetivo, la mejora de tu empresa y tú como persona a través de un viaje emocional y organizacional, siempre con la motivación como telón de fondo.

De repente ves que los problemas se transforman en oportunidades de mejora, lo tenías delante pero no lo sabías, porque simplemente no lo veías. Javier Coterillo no lo dice, lo hace. No lo intenta, va a por ello con total determinación. Cada sesión suya es única y personalizada y siempre da con los puntos fundamentales para ayudarte en cualquier desafío que te propongas. De no haber sido Mickey habría sido él quien llevase a Balboa a la cima. Pega fuerte. Avanti, siempre.

Emisor: javiercoterillo.es

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