COMUNICADO: En verano, protege tu piel del sol

Actualizado 05/07/2007 13:12:21 CET

La exposición prolongada o inadecuada al sol puede producir insolaciones, quemaduras, envejecimiento prematuro de la piel, irritación e incluso alergias. Para evitar estos problemas, la Asociación para el Autocuidado de la Salud presenta un decálogo de recomendaciones.

MADRID, 5

Sin duda el verano es la época más propicia para disfrutar del sol y de sus múltiples propiedades beneficiosas para el organismo. De hecho, el sol interviene en la formación de vitamina D y aporta beneficios terapéuticos en diversas enfermedades como la osteoporosis. Además, el bronceado, en verano, se convierte en símbolo de belleza y juventud. Sin embargo, las radiaciones solares ultravioleta (UV) son cada vez más dañinas para la piel debido al deterioro de la capa de ozono, pudiendo producir lesiones que van desde las más leves, como las quemaduras, a problemas graves como el envejecimiento cutáneo o el cáncer de piel.

La principal causa de problemas en la piel relacionados con el sol son las exposiciones prolongadas e inadecuadas. El aumento de las horas de sol y de la intensidad de las radiaciones en verano, unido al uso de una vestimenta que deja amplias zonas de nuestro cuerpo descubiertas, favorecen la aparición de lesiones en la piel. Sin embargo, la facilidad con la que pueden presentarse problemas cutáneos, e incluso su gravedad, depende de factores como el tipo de radiaciones solares, el tipo de piel de la persona y el grado de protección empleado.

Tipos de radiaciones

Dentro de las radiaciones solares, las más perjudiciales para la piel son las ultravioleta, que, a su vez, se pueden dividir en tres subtipos:

- UVA: es la responsable de la pigmentación inmediata de la piel (proceso del bronceado). Penetra menos profundamente en ella y puede provocar eritemas, enrojecimiento, manchas y envejecimiento cutáneo porque destruye el colágeno, un componente de la piel que le aporta elasticidad.

- UVB: su radiación posee mayor energía y es muy dañina, pero es parcialmente absorbida por la capa de ozono y las nubes. Además de quemaduras, puede provocar un aumento del grosor cutáneo y melanoma (cáncer de piel).

- UVC: sus radiaciones son las más agresivas, pero afortunadamente no llegan a traspasar la capa de ozono porque la atmósfera las retiene.

Los mecanismos de defensa que el cuerpo humano despliega ante las agresiones del sol van desde la formación de melanina (bronceado) y la secreción de sudor, hasta el aumento del grosor de la piel, que impide de forma más eficaz la penetración de los rayos del sol. Sin embargo, cada vez son más las personas que sufren las consecuencias nocivas del sol debido a la falta de protección ante las exposiciones solares. Por este motivo y tal y como recuerda Rafael García Gutiérrez, director general de la Asociación para el Autocuidado de la Salud (anefp), "hay que tener en cuenta siempre que el bronceado es también un signo de daño y que repercute en el envejecimiento prematuro de la dermis".

Cada año se producen cerca de 10 millones de consultas relacionadas con la piel en las farmacias. Los casos de personas cuya piel es sensible a los rayos solares han pasado de una media del 29% al 60% de la población en la última década. Los síntomas que presenta este tipo de piel son enrojecimiento, tirantez, e irritación, y cada vez más se producen alergias. En este sentido, según aconseja García Gutiérrez, "es esencial consultar a los profesionales sanitarios a la hora de adquirir los protectores solares más adecuados para cada tipo de piel".

Recomendaciones de anefp

Para evitar, en la medida de lo posible, el daño en la piel provocado por las radiaciones solares, la Asociación para el Autocuidado de la Salud da una serie de consejos a tener en cuenta:

1. El momento de mayor riesgo de quemaduras y lesiones cutáneas es de doce de la mañana a cuatro de la tarde, por lo que hay que evitar la exposición directa al sol en estas horas del día.

2. Evitar, en la medida de lo posible, llevar ropa demasiado corta o que deje amplias zonas de la piel al descubierto.

3. Aplicar protectores solares siempre que se vaya a estar expuesto al sol durante un tiempo prolongado.

4. Los productos fotoprotectores se deben aplicar media hora antes de la exposición solar y se debe renovar la aplicación cada dos horas y después de cada baño.

5. Se debe seguir protegiendo la piel aunque ya esté bronceada o las nubes cubran el sol.

6. Tras la exposición solar es conveniente seguir cuidando la piel, hidratándola a diario con leche nutritiva.

7. Además de los protectores solares para la piel, es importante tener a mano protectores labiales para evitar quemaduras, deshidratación y sequedad en esta zona tan delicada, ya que los labios carecen de protección natural contra las radiaciones UV.

8. El cuerpo también padece deshidratación, con pérdida de agua y sales minerales indispensables para el organismo y la belleza de la piel; por eso, aunque no se tenga sensación de sed, es recomendable beber agua o bebidas isotónicas para reponer dichas pérdidas.

9. No se recomienda la exposición al sol de niños menores de 3 años, ya que su piel es muy sensible y no tiene capacidad de respuesta frente al sol. Los daños solares se acumulan de forma progresiva en la piel y ésta recuerda quemaduras importantes, sobre todo las recibidas durante la infancia.

10. Algunos productos cosméticos, perfumes y lociones contienen alcohol, que favorece la aparición de manchas o irritaciones en la piel tras su exposición al sol.

Seguridad y versatilidad de los filtros solares

Existe en el mercado una gran variedad de protectores solares seguros, versátiles y resistentes al agua. Actúan fundamentalmente de dos formas: desviando todas las radiaciones solares y evitando que penetren en la epidermis (pantallas o filtros físicos), o bien absorbiendo parte de las radiaciones solares (filtros químicos). El espectro de actuación de las pantallas es más amplio, por lo que están especialmente recomendadas para los niños, personas con pieles sensibles o con lesiones o cicatrices recientes, mujeres embarazadas y para aquellos que se han sometido a un tratamiento con láser o 'peeling' químico.

Los protectores solares están numerados según su factor de protección y son aptos para un tipo concreto de piel. Por eso, desde anefp se recomienda elegir siempre el fotoprotector más adecuado para nuestro tipo de piel.

Para pieles de fototipo I (piel blanca-lechosa) con tendencia a padecer intensas quemaduras solares, se recomienda un fator de protección superior a 25. Para el fototipo II (piel clara), se recomienda un factor de protección solar muy alto, entre 20 y 25. En el caso de las pieles pertenecientes al fototipo III (las de razas caucásicas), que se queman con mederación, se recomienda un factor de protección mínimo de 15 (medio-alto). Si nuestra piel pertenece al fototipo IV (piel ligeramente oscura, propia de las razas mediterráneas), el factor de protección mínimo debe ser de 10 (medio). Para las pieles del fototipo V (personas amerindias e hispanas, que rara vez se queman), se puede elegir un factor de protección bajo, de entre 4 y 6. Y, por último, en el caso de las pieles de fototipo VI (raza negra) es suficiente con una protección mínima.

El factor de protección solar o FPS es el factor por el que se multiplica el tiempo de exposición al sol antes de producirse enrojecimiento en la piel. Por ejemplo, si la piel de una persona tarda 5 minutos en enrojecerse, tras aplicar un fotoprotector de factor 20 su piel estará protegida durante 100 minutos (20x 5). Sin embargo, no es un índice exacto.

Emisor: Asociación para el Autocuidado de la Salud (anefp)

Contacto: Nuria Sastre, prensa@anefp.org, telf. 91 435 35 69 (ext. 6). Rubén Marcos, Europa Press Comunicación, telf. 91 359 26 00,

rubenmarcos@europapress.es.

Mejora la comunicación de tu empresa con Europa Press Comunicación

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para analizar su navegación y ofrecerle un servicio más personalizado y publicidad acorde a sus intereses. Continuar navegando implica la aceptación de nuestra política de cookies -
Uso de cookies