Cultura.- La exposición del IVAM 'Gerardo Rueda y la tradición moderna' viaja a China

Actualizado 26/01/2011 7:07:44 CET

VALENCIA, 26 Ene. (EUROPA PRESS) -

La exposición 'Gerardo Rueda y la tradición moderna', organizada por el Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) y el Shanghai International Cultural Association, se inaugurará este miércoles en el Museo de Urbanismo de Shangai. Posteriormente, viajará a los museos de arte moderno de Changshu, Fujien, Henan y Tianjin, ha informado la institución cultural en un comunicado.

La muestra, comisariada por Consuelo Ciscar y Rafael Sierra, reúne 50 obras de Gerardo Rueda pertenecientes a la colección del IVAM y de otros autores que despertaron la admiración de Rueda y ejercieron en él una influencia notable como fueron Nathan Isaevich Atlman, Sonia Delaunay-Terk, Lucio Fontana, Julio González, Frantisek Kuptka, El Lissitsky, Casimir Malevich, Barnett Newman, Ad Reinhart, Alexander Rodchenko, Sophie Taeuber-Arp, Joaquín Torres-García, Georges Vantongerloo.

Inscrito en la tradición del movimiento moderno "clásico", Gerardo Rueda intentó siempre eludir etiquetas y doctrinas. Obligado, se definiría dentro de la abstracción geométrica debido a su interés por el orden.

En sus bodegones incide sobre la problemática de la perspectiva y la preocupación por la profundidad del espacio. Pero frente a la pasividad del pintor de paisaje, en el bodegón prevalece el espíritu experimental de quien controla los parámetros de la composición que preocupó especialmente a la modernidad desde Cézanne hasta el cubismo. Como en Klee, existe un interés por el juego de volúmenes y el efecto de la luz para disolver contornos y jugar a la negación del orden, explican desde el museo.

La obra de Gerardo Rueda (Madrid, 1926-1996) es quizás tan original y única como su educación y su trayectoria artística. Educado en el Liceo Francés de Madrid, su vocación cosmopolita y su interés por todo aquello que sucedía más allá de nuestras fronteras le hicieron rehuir siempre los estereotipos y los tópicos hispánicos.

La irrupción en la escena artística internacional del Expresionismo Abstracto norteamericano, con todas sus tendencias y matices, no sólo desbancó a París, y en general a Europa, como epicentro de la vanguardia artística del momento, sino que propició la aparición en España del grupo El Paso. Este grupo de artistas aglutinó entonces las propuestas más radicales y novedosas que pronto se concretarían en la aparición del Informalismo.

En el seno de esta corriente de abstracción que recorría España, se encontraba Gerardo Rueda, junto a Fernando Zóbel, con quien compartió estudio en Madrid y posteriormente en Cuenca. Por iniciativa de estos dos artistas se inicia la colección de pintura que, inicialmente iban a instalar en Toledo pero en 1962 y con motivo de un viaje a la Bienal de Venecia conocieron a Mompó y a Gustavo Torner que se les unió formando, lo que algunos críticos denominarían como El grupo de Cuenca, y fundaron, en 1966, el Museo de Arte Abstracto Español, ubicado en las Casas Colgadas.

Estos tres artistas contribuyeron a convertir la ciudad de Cuenca en el centro del arte abstracto en nuestro país y por lo tanto, no sólo a difundir las nuevas propuestas estéticas que se dieron en España en las décadas de los 50 y 60, sino también a la educación estética de posteriores generaciones de artistas. Sin embargo, sus diferencias, especialmente las de Gerardo Rueda con la mayoría de los pintores abstractos españoles, eran manifiestas y rápidamente desembocaron en trayectorias y planteamientos artísticos muy distintos.

ABIERTO Y COSMOPOLITA

En el caso de Gerardo Rueda, su actitud abierta y cosmopolita, le hizo huir del dramatismo, de la violencia gestual, del carácter irracional y convulsionado de las propuestas artísticas de buena parte de este grupo. Hernández Mompó cultivó una abstracción lírica, Fernando Zóbel perfilaría en su obra una evocación impregnada de una cierta melancolía y Gustavo Torner, más cercano a los planteamientos geométricos de Rueda, presentaría un componente surreal muy específico.

Entre sus obras de vertiente más monumental y pública, destaca la realización entre 1989 y 1992 de las vidrieras de la nave central de la Catedral de Cuenca, tituladas 'De la Tierra al Paraíso'; también, en 1992 ganó el concurso para la realización de las puertas del pabellón de España en la Expo 92 tituladas Klee en Sevilla I, Klee en Sevilla II, estas obras fueron seleccionadas por El País entre las obras más emblemáticas de los últimos 25 años, y forman parte de la exposición actual. En 1995 fue elegido miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

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