Disculpen que no me levante. Crítica de cine

Colin Farrell y Keira Knightley, perdidos en London Boulevard

   London Boulevard supone el debut como director de William Monahan. El oscarizado guionista de 'Infiltrados' también firma el libreto de esta cinta que protagonizan Colin Farrell y Keira Knightley. Ellos dos ponen el palmito, y poco más, en este thriller. Y a ellos hay que achacarles que una propuesta interesante no supere el aprobado.

   Basada en la novela de Ken Bruen, la opera prima del ya curtido Monahan nos traslada hasta un universo que conoce muy bien: el mundo de los bajos fondos y el crimen organizado. Lo hace con un sello que recuerda tanto al cine noir de los cuarenta y cincuenta, como a las contemporáneas correrías londinenses de los personajes de Guy Ritchie.

   Precisamente en la capital británica es donde tiene lugar una historia de sobra conocida: Delincuente -con buen porte y mejor corazoncito- (Mitchel-Farrell) sale de la cárcel dispuesto a dejar atrás su pasado. Lo intenta, pero sus antiguos compañeros de banda le presionan para que vuelva ser el chico malo de antaño.

   Mientras busca dar esquinazo al crimen y rehacer su vida, en su camino se cruza una chica. Los dos se hacen 'tilín' pero -qué caprichoso destino en esto de las películas- ella pertenece a otro mundo totalmente opuesto al suyo. La chica es Charlote (Knightley), una actriz semiretirada de circulación al no soportar la presión a la que le someten los medios.

FARRELL & KNIGHTLEY: POCO TALENTO, MENOS QUÍMICA

   Justo este -la puesta en juego dentro de todo el entramado mafioso del concepto moderno de celebrity acosada por los paparazzi- es el elemento presuntamente diferenciador de 'London Boulevard'. Y justo este aspecto, especialmente cuando la relación entre los dos protagonistas se va haciendo más estrecha y eso que llaman química -que no es otra cosa que saber actuar- es necesaria, es lo que más flojea.

   Hasta tal punto llega a ser cargante la insulsa pose de Knightley y el talento pétreo de Farell -Colin, ¿es un conflicto interno o es que huele a quemado?- que estamos deseando que aparezca en pantalla un tercero en discordia. Que haga lo que sea, pero que ponga fin a ese universo artificial de presunta complicidad entre estrella y aprendiz de reinsertado.

   Especialmente agradecidas son esas apariciones cuando se trata de David Thewlis, un cínico actor frustrado y todoadicto al servicio de la estrella, y sobre todo de Ray Winstone. El papel de capo que se cree dueño de todo y de todos está tan manido como agradecido es, si se hace bien. Y él lo clava.

   Por y pese a ellos, London Boulevard es una moneda de dos caras. Sin ser nada nuevo es interesante en su vertiente puramente criminal -con una ambientación y un ritmo en ocasiones notable- pero insuficiente, incompleta y a veces muy defectuosa en su contrapunto romántico. No se puede tener todo. O sí... si no estuvieran Colin y Keira.

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