Crítica | La guerra del planeta de los simios: Contempla tu gloria, César

 

Crítica | La guerra del planeta de los simios: Contempla tu gloria, César

La guerra del planeta de los simios
FOX
Actualizado 12/07/2017 16:11:50 CET

MADRID, 12 Jul. (EUROPA PRESS - Israel Arias) -

Con La guerra del planeta de los simios culmina la trilogía de precuelas que ha rescatado y sacado brillo a una de las sagas más legendarias de la ciencia ficción. Lo hace con una aventura trágica, intensa y enormemente entretenida, con un filme que entiende el blockbuster como ese cine que se concibe y ejecuta desde el excedente de medios al servicio de una historia y no desde el exceso, como vacía pirotecnia.

En la película que corona la que posiblemente es, junto al Batman de Nolan, la mejor trilogía hollywoodiense de este siglo, Matt Reeves -responsable, por cierto, del próximo filme en solitario del héroe de Gotham- transita por caminos propios no solo del cine bélico o de la ciencia ficción distópica, sino también del wéstern, del cine bíblico, el drama carcelario o el cine de aventuras más grave y sombrío. Pero su gran mérito no es moverse por tan dispares rincones, es hacerlo exhibiendo una coherencia en el tono, tanto en el ámbito formal como también en el plano emocional, y una cohesión en su trama que para sí quisieran otros habituales hacedores de productos palomiteros estivales que se limitan a cumplir expediente dilapidando insultantes presupuestos en una inconexa acumulación explosiones y personajes.

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La solidez estructural y técnica del filme tiene su reflejo, y también su sostén en pantalla, en el gigantesco trabajo de Andy Serkis. Una vez más, su imponente César, que en su odisea ha pasado de la empatía del líder conciliador a ser consumido por el dolor y la venganza, vuelve a avivar el debate sobre la suerte interpretativa de la captura de movimientos y su potencial oscarizable. La vieja discusión, en clave cinematográfica, de si el motociclismo es tan deporte como el ciclismo a la que bien podría sumarse en esta ocasión el memorable Simio Malo de Steve Zahn.

Así, y mientras los primerísimos planos de los simios se van alternando con grandiosas y salvajes localizaciones, los delicados pasajes cargados de humanidad -siempre la suya, la de los primates- dan paso a contundentes y ásperas secuencias de acción y se van sucediendo tributos -perfectamente integrados unos, la mayoría, demasiado buscados otros- a títulos como Apocalypse Now, El puente sobre el río Kwai, La gran evasión, los wésterns de Leone y Eastwood o Los Diez Mandamientos, La guerra del planeta de los simios ratifica lo que ya apuntaban los otros dos filmes que completan este rotundo tríptico sobre la deshumanización, el fanatismo y la supervivencia: que términos como espectáculo, tecnología, verano e incluso precuela no tienen necesariamente que estar reñidos con el buen cine y que, esta vez sí, todo el mundo va con los monos.

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