Crítica | Piratas del Caribe: La venganza de Salazar, el hastío de Jack Sparrow

 Piratas Del Caribe: La Venganza De Salazar
DISNEY
Actualizado 26/05/2017 11:47:18 CET

MADRID, 26 May. (EUROPA PRESS - Israel Arias) -

Con más ambición mercantil por mantener a pleno rendimiento su marca que ganas de aventura llega a los cines Piratas del Caribe: La venganza de Salazar, la quinta entrega de una saga que, basada en una atracción de sus parques temáticos, Disney se sacó de la chistera allá por 2003 y de la que está decidida a exprimir hasta el último doblón.

Los noruegos Joachim Ronning y Espen Sandberg (Kon-Tiki) son los encargados de dirigir un filme que, a pesar de mejorar sensiblemente en lo que al ritmo y al espectáculo visual se refiere la anterior película de la franquicia, no es capaz de disimular los evidentes signos de agotamiento de la saga pirata.

Fatiga personificada, cómo no, en Jack Sparrow, alma de la saga y fiel reflejo de sus virtudes y defectos. Pese a volar ligero de equipaje, desprovisto de toda carga narrativa, el pirata más famoso de las últimas décadas acusa un desgaste evidente desde el primero al último de sus rutinarios gags que -salvo con la excepción de una muy resultona escena con una guillotina- consiguen que incluso el propio Sparrow parezca cansado de tanto disparate. El único compromiso de Depp es con las histriónicas formas de su personaje al que lleva de la caricatura al esperpento en este quinto viaje en el que Sparrow está ya harto de ser Sparrow.

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El vigor lo ponen el tétrico villano, un Javier Bardem de melenaza ingrávida y bravo temperamento, y una esforzada nueva pareja co-protagonista destinada a resucitar esa eficaz dinámica a tres que con Sparrow mantenían Keira Knightley y Orlando Bloom y que los fans tanto echaron de menos aquella muy mejorable cuarta entrega. Y, tal y como ocurría en la trilogía, ella, mujer de ciencia de irrenunciables principios interpretada por Kaya Scodelario, está mucho más afortunada que él, un insulso aspirante a hijo de pirata de año al que da vida Brenton Thwaites.

Ellos son los motores narrativos de esta aparatosa superproducción que busca tan desesperadamente recuperar la estela de la original de 2003 que se olvida de encontrar su propio rumbo. Será un taquillazo, seguro, otro más de Disney. Otro punto y seguido totalmente olvidable -sí, aunque ahora parezca imposible, olvidaremos incluso a los tiburones zombies- en la ya insultante para sus competidores lista de sus películas milmillonarias.

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