Crítica | Trainspotting 2: Otro chute de nostalgia

 

Crítica | Trainspotting 2: Otro chute de nostalgia

Simon (Jonny Lee Miller), Mark Renton (Ewan McGregor) y Spud (Ewen Bremner)
SONY
Actualizado 24/02/2017 15:43:21 CET

MADRID, 24 Feb. (EUROPA PRESS - Israel Arias) -

Nostalgia es un término que difícilmente se hubiera relacionado con las correrías de Sick Boy, Spud, Begbie y Renton allá por 1996 cuando Danny Boyle hizo de Trainspotting una de las banderas cinematográficas de toda una generación. Y precisamente a eso, a la tristeza melancólica, es a lo que se agarra Boyle en esta a ratos resultona pero prescindible secuela. Una película que elige vida, sí, pero una vida pasada.

Sería injusto exigir a la resurrección de Trainspotting el impacto, la rabia y aquella frescura febril de hace dos décadas, pero también lo es no demandar algo más que lo que ahora vende el camello Boyle: Un chute de nostalgia cortado con vistosas virguerías de cámara y un tracklist diseñado con premeditación y alevosía para que el público -preferentemente treintañero, idealmente cuarentón, y que ha visto como todo vuelve, desde los Cazafantasmas hasta Mad Max pasando por el papel pintado- rece en su butaca pidiendo al cielo que finalmente rompa a sonar el 'Born Slippy' de Underworld y, al fin, la piel se le erice recordando que cualquier tiempo pasado fue, sino mejor, al menos sí más salvaje y divertido.

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Asumiendo que su formulación fuera necesaria, T2 sí sirve para responder satisfactoriamente a la gran pregunta: ¿Qué pasó con aquellos yonquis de las calles de Edimburgo? Pero más allá de eso, de la ilusión por el reencuentro y de un par de momentos verdaderamente hilarantes -que curiosamente coinciden con las pocas ocasiones en las que los personajes se animan a dejar de hacer balance para hacer cosas 'nuevas'- Trainspotting 2 renuncia a mirar hacia adelante y se empeña en avanzar con la vista puesta en el pasado. Es entonces cuando inevitablemente tropieza al conformarse con funcionar únicamente como complaciente y prematuro testamento de una (otra) generación desencantada.

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