Hermosas criaturas: Brujas a la sombra de vampiros

 

Hermosas criaturas: Brujas a la sombra de vampiros

Hermosas criaturas
WARNER BROS.
Actualizado 01/03/2013 18:22:03 CET

MADRID, 1 Mar. (EUROPA PRESS - Israel Arias) -

Hermosas criaturas es el primer intento, de los varios que nos quedan por sufrir, de llenar el vacío dejado por La Saga Crepúsculo para devolver las hordas adolescentes a los cines.

Richard LaGravenese (Posdata: te quiero, Diarios de la calle) dirige y firma el guión de la adaptación a la gran pantalla de la primera entrega de la popular saga literaria alumbrada por Kami Garcia y Margaret Stohl. Romance adolescente y fenómenos paranormales son también los ingredientes de esta aspirante a taquillera franquicia.

Y tal y como ocurría en la saga a cuyo rebufo nace, dos estrellas casi anónimas son las protagonistas de este nuevo producto de lucrativas intenciones. En esta ocasión cambiamos la eterna cara de acelga de Kristen Stewart por la de melancólico perro pachón de Alice Englert. Empate técnico.

Donde sí salimos ganando es en el protagonista masculino. Aunque a veces se pase de simpático, Alden Ehrenreich es mucho más soportable que el pálido y reluciente Pattinson. Además, tiene a su favor que él es sólo uno, mientras que en Crepúsculo teníamos que lidiar también con el neumático Lautner y sus abdominales, siempre dispuestos para robarle planos al chupasangre. Minipunto para las criaturas.

No son esas las únicas, y trascendentales, diferencias que encontramos entre una y otra. En este caso el bicho raro no es él, sino ella y los vampiros y licántropos dejan paso a las brujas... o casters, como a ellas (y a ellos) les gusta que les llamen.

Una vez consagrados estos esenciales hechos diferenciales entre Crepúsculo y la cinta que nos ocupa... vamos al lío. Hermosas criaturas nos lleva hasta Gatlin, un pueblo perdido de Carolina del Sur. Una localidad anclada en el pasado donde nunca ocurre absolutamente nada.

En esa desidia hecha pueblo mora Ethan (Alden Ehrenreich), un joven que acaba de perder a su madre y que tiene un padre deprimido que pasa tanto de él que ni siquiera se molesta en aparecer en la película que protagoniza su hijo. A pesar de todas estas visicitudes, que convertirían a más de uno en un delincuente juvenil asiduo al botellón, Ethan es dicharachero y deportista. Su sueño: terminar el instituto e ir a la Universidad para salir del soporífero Gatlin.

Pero la endémica monotonía del pueblo y sus grises habitantes se verá interrumpida con la llegada al instituto de Lena (Alice Englert), una joven misteriosa procedente de una oscura familia. Se trata de los Ravenwood, un clan ligado al pueblo desde sus inicios y al que la reaccionarias fuerzas vivas dominantes en Gatlin vinculan con las artes oscuras y el culto al diablo. En resumen: la nueva de la clase es una bruja.

Y, como era previsible porque el romance no puede esperar, el joven protagonista se sentirá inmediatamente atraído por la freak de clase. Un sentimiento que, aunque ella se haga de rogar, es mutuo. Y es que Ethan y Lena son dos almas destinadas a encontrarse... pero también a separarse. Todo ello por mor de una ancestral maldición que condiciona el futuro de la joven bruja.

Y así, sin darnos casi cuenta como nos han metido en este embolado, tenemos servido un romance juvenil con un toque gótico y mucha ñoñería aderezado con batallitas entre brujas buenas y malas. El amor y el eterno enfrentamiento entre la luz y la oscuridad, el bien y el mal, es el centro en el que gravita en este producto en el que indefectiblemente vemos mucho de Crepúsculo y, lamentablemente, muy poco de otras sagas fantásticas que jugaban con la condición de un personaje poderoso que se debatía entre aferrarse al bien o dejarse atrapar por el poder del lado oscuro.

HERMOSAS Y TEDIOSAS

El reparto lo completan caras conocidas como Jeremy Irons, Emmy Rossum, Viola Davis y Emma Thompson que en contados pasajes consiguen dar algo de enjundia a una historia que la mayor parte de sus excesivas dos horas transita inmersa en el mismo hastío en que deben estar atrapados los habitantes de ese pueblo de la América profunda que le sirve de escenario.

Cierto es que, al menos, Hermosas criaturas consigue dejar de lado ese tufillo cutre que tenía la primera película Pattison, Stewart y cía. Además de su voluntariosa puesta en escena, en su búsqueda de dignidad la cinta introduce algunas referencias literarias, históricas y cinematográficas interesantes que, esperemos, despierten la curiosidad del público entregado ya a la causa de Lena y Ethan.

Porque ellos, los militantes del fenómeno literario, son los únicos llamados a disfrutar con el hechizo de estas Hermosas criaturas.

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