Cannes acoge la 'tarantinesca' violencia irónica de 'Death Proof'

Actualizado 22/05/2007 19:56:55 CET

CANNES (FRANCIA), 22 May. (EUROPA PRESS/Jorge Collar) -

Quentin Tarantino se toma raramente las cosas en serio. Por otra parte tiene una inclinación indudable por el "pastiche" y la caricatura. Por ello después de obras que constituían un homenaje al cine negro ('Jackie Brown') y a las artes marciales ('Kill Bill'), ataca ahora a los filmes de serie B, que en los años cincuenta se daba en programa doble, incluso en condiciones materiales poco confortables.

'Death Proof', que en Francia será explotada con el título 'Boulevard de la mort', cuenta una historia en dos tiempos. Primero, tres bellezas femeninas son las víctimas de un psicópata del automóvil (Kurt Russel). Después, otras tres bellezas femeninas podrán terminar con el odioso personaje, que ha merecido un castigo ejemplar.

En cada historia la estructura es la misma. Interminables diálogos femeninos, llenos de crudezas, hoy más bien inofensivas, pero sin duda chocantes en su época. 'Death Proof' pone en el Festival de Cannes la nota "tarantinesca" de violencia irónica.

La cinta, cuya acogida en el certamen de la Costa Azul ha sido fría, se proyectó en la muestra con una copia rayada, que de vez en cuando se hacía borrosa, los colores chillones y la psicología de los personajes, elemental.

UNA RENUNCIA A LA PROVOCACIÓN

Steven Spielberg y Kathleen Kennedy adquirieron los derechos del best-seller 'Le scaphandre et le papillon', cuya adaptación confiaron a Ronald Harwood y la dirección a Julián Schnabel. La pregunta es ¿es posible escribir un libro utilizando únicamente el movimiento de un párpado? Sin duda porque esto es lo que hizo Jean-Dominique Baudy, redactor-jefe de la revista 'Elle', después de pasar tres meses en coma y quedar completamente paralizado a causa de un ataque cerebral.

Su caso, muy raro, consiste en la pérdida de todas sus facultades motrices, con la conservación completa de su capacidad intelectual. Bauby descubrió a causa de su enfermedad todos los puntos positivos de su vida que no había sido capaz de apreciar: el amor de su esposa, el de sus hijos, el de su padre (que interpreta en la película Max von Sydow). El de todo el personal que le cuidaba en el hospital. También, aunque confusamente, la dimensión religiosa de la vida, la de todas las personas que rezaban por él.

Toda esta rica experiencia Jean-Dominique Bauby lograba transmitirla a través del movimiento de su parpado, con una compleja comunicación efectuada letra por letra de cada palabra, que se concreta en el libro 'Le Scaphandre et le papillon' (La Escafandra y la mariposa), que hace alusión a su estado de claustrofobia y a su párpado que se movía como el ala de una mariposa. Jean-Dominique Bauby falleció poco tiempo después de la aparición de su libro.

En esta coproducción franco americana, interpretada por actores franceses y rodada en francés, Mathieu Amalric encara el papel de Bauby. Schnabel sale airoso de una prueba difícil, porque el libro, redactado en primera persona, cuenta sobre todo la experiencia del enfermo. Estamos en pleno terreno del cine de reflexión y no de diversión.

ESCAPA DE LA POLÉMICA

Por su parte, Carlos Reygadas sigue sorprendiendo. Cuando algunos esperaban un nuevo escándalo como el de 'Batalla en el cielo', y llega a Cannes con una película producida por México, Francia y Holanda, que parece abandonar su tierra natal. Incluso si la acción transcurre en México, oímos a penas unas palabras en español.

La acción transcurre en el seno de una comunidad protestante de origen Suizo, los Menonitas, que habla un dialecto derivado del alemán. El ambiente recordaría el del cine nórdico, en particular el de Dreyer.

Johan y Esther están casados y tienen una numerosa familia, pero Johan se enamorado de otra mujer y durante un breve espacio de tiempo deja de vivir la fidelidad conyugal. Este hecho causa la muerte de Esther, que si bien muere de una crisis cardiaca, Johan se considera siempre culpable. Asistimos más tarde a las ceremonias mortuorias de Esther en las que parece que al final la muerta resucita.

Todo ello es suficiente para dar a la película un tono extraño, a veces exasperante a causa de la duración de ciertos planos. La dos horas y media de la película son a veces duras a soportar, pero al final somos captados por el ambiente y la originalidad del intento por la belleza de los paisajes. Y sobre todo hay que felicitarse que esta vez Carlos Reygadas renuncie a toda provocación. Si polémica hay, este año no será de la misma naturaleza que la provocada por 'Batalla en el cielo'.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para analizar su navegación y ofrecerle un servicio más personalizado y publicidad acorde a sus intereses. Continuar navegando implica la aceptación de nuestra política de cookies -
Uso de cookies