Joël Robuchon reconquista Nueva York

Jöel Robuchon
JOSÉ IGNACIO CUENCA LOSADA
Actualizado 10/06/2018 16:22:24 CET

NUEVA YORK, 10 Jun. (EUROPA PRESS-José Ignacio Cuenca) -

Joël Robuchon es el chef más laureado del planeta, con más de 30 estrellas (en constante aumento) de la Guía Michelin repartidas entre los distintos restaurantes que tiene por medio mundo. Hace siete años cerró el del hotel Four Seasons de Nueva York; pero ahora por fin ha retornado a la Gran Manzana, dejando su indiscutible imprenta de excelencia en uno de los epicentros culinarios del planeta.

Hacía años que estaba anunciada su vuelta, anhelada por la comunidad gastronómica con una pasión parecida a la que los amantes de Star Wars dedican a la llegada de cada nuevo episodio de la saga creada por George Lucas. Y la espera no ha sido en vano, porque el chef francés ha vuelto con más fuerza que nunca, creando un templo a la gran cocina en el corazón de Manhattan capaz de acoger hasta 250 personas.

En el popular Meatpacking District, junto al efervescente High Line, Robuchon ha abierto un restaurante extraordinario que en realidad ofrece tres conceptos distintos aunque complementarios: L'Atelier, Le Grill y Les Salons.

El primero es una nueva manifestación de esa genial creación de Joël Robuchon que revolucionó la gastronomía cuando la concibió hace 15 años y que, fiel a su visión, ha cambiado la manera en que comemos hoy. Inspirada por los bares de tapas españoles y de sushi japoneses, L'Atelier de Joël Robuchon es una singular combinación de cocina clásica con creatividad moderna, en un ambiente dinámico. Todos los L'Atelier participan de su indiscutible marchamo de calidad, aunque son distintos según dónde se encuentren, tomando en cuenta tanto los productos que están de temporada como la cocina local, siempre respetando la materia prima y su perfecta elaboración. Y el resultado es un espacio alegre y acogedor, donde el comensal disfruta de una emocionante experiencia que nunca es igual. Sentarse en la barra de cualquier L'Atelier es una delicia, y el caso de Nueva York no es una excepción. Buena prueba de ello es la excelente escogida que está teniendo entre los neoyorquinos, que lo abarrotan todos los días.

Actualmente ofrece un menú de primavera por 155 dólares, otro vegetariano por 129 y el especial de degustación de 9 platos por 255, aderezados por una envidiable lista de quesos y postres de diversa naturaleza. Y todos ellos pueden estar maridados con distintos vinos de su impresionante bodega. Pero el cliente también puede pedir "à la carte" y confeccionar su propia cena según le plazca, lo que no sólo amplía las posibilidades de la experiencia sino que la convierte siempre en única. Por eso no es de esos restaurantes donde sentimos, aunque nos hayan gustado, que no hay razón para volver. Más bien todo lo contrario, ya que el comensal sale de la puerta no sólo saboreando la experiencia sino soñando con la próxima. Y, hablando de sabores, no podía faltar el jamón español, que ocupa un lugar de privilegio en todos los L'Atelier de Joël Robuchon.

Gran parte del éxito de L'Atelier radica en la interacción que se produce en la barra con los clientes, que en el caso de Nueva York se acentúa aún más por la propia naturaleza de ese inigualable melting pot de culturas que conforman la ciudad y que dotan, por tanto, a este restaurante de una energía especial.

"El contacto entre el comensal y el chef es fundamental en L'Atelier," reconoce el propio Robuchon, "y no sólo porque ofrece a todo aquel que coma aquí la posibilidad de ver la preparación de su plato, sino también porque permite al chef conocer la reacción del cliente y saber si está disfrutando de la comida".

Lo cierto es que se puede casi tirar un dardo al menú con los ojos vendados a la hora de pedir, con la certeza de acertar con la elección.

Le Grill de Joël Robuchon ocupa un luminoso gran salón a la entrada, donde el comensal tiene la fortuna de saborear una magnífica cocina de elaboración más sencilla, a un precio muy asequible ¡Hasta hay un menú de tres platos a escoger por sólo 59 dólares! La oferta culinaria es distinta a la de su vecino L'Atelier, pero sin perder un ápice de la calidad y el cariño que Robuchon pone en cada restaurante, plato y sabor.

Se trata de un local donde uno puede llegar sin necesidad de reserva, tomarse una copa de champán en su precioso bar y, por ejemplo, degustar una de las mejores hamburguesas imaginables (servida de manera individual o conformando una trilogía de hamburguesitas conocidas como sliders). Por ello y mucho más, el Happy Hour de Le Grill es ya una institución en Nueva York.

Y qué decir de sus impresionantes salones privados Étoile y Saint-Germain, que conforman unos lugares íntimos sin parangón conocidos como Les Salons, perfectos para grupos o celebraciones especiales. Son dos espacios singulares que acomodan entre 6 y 10 comensales, que a su vez pueden ser combinados en uno que alberga hasta 20 personas.

Tuvimos la suerte de observar de cerca la minuciosa dedicación con la que Joël Robuchon cuida cada aspecto de su restaurante. Consciente de la importancia del trabajo en equipo, tan necesario para el buen funcionamiento de cualquier local, el chef más admirado y reconocido de nuestro planeta nos conquistó con su humildad, dirigiéndose con gran respeto y agradecimiento a cada una de las personas que forman parte de su nueva aventura neoyorquina para compartir con ellos su visión y escuchar sus opiniones.

En palabras de Robuchon: "El éxito del restaurante depende de vosotros, y del cariño y dedicación que mostréis a cada cliente. Quiero que se les trate de la misma manera que trataríais a cualquier amigo o familiar a quien deis la bienvenida en vuestro hogar".

Ese trato afable imbuido respeto mutuo queda patente al conocer a Christophe Bellanca, su chef y brazo ejecutor de este gran proyecto neoyorquino. Los distintos cocineros que el Joël tiene repartidos por los restaurantes son las piedras angulares de su imperio gastronómico. Talento, sacrificio y lealtad son sus denominadores comunes, como confirmamos al conversar con Bellanca. Y es que su admiración por Robuchon no tiene límites, lo que se refleja en su dedicación y trabajo. "Nunca olvidaré una reunión que mantuvimos aquí hace un año con distintas personas involucradas en el proyecto", recuerda, "ya que todos se iban presentando de manera destacada; pero cuando le llegó el turno al Sr. Robuchon, el más importante de todos y el mejor chef del mundo, simplemente dijo: 'Mi nombre es Joël Robuchon y soy cocinero'".

Joël Robuchon ha reconquistado Nueva York, y esta vez ha vuelto para quedarse.