Mortier programará un 35% de ópera del siglo XX en el Teatro Real y hará del Coro y la Orquesta un "colchón sólido"

 

Mortier programará un 35% de ópera del siglo XX en el Teatro Real y hará del Coro y la Orquesta un "colchón sólido"

EP
Actualizado 04/12/2008 18:21:06 CET

MADRID, 4 Dic. (EUROPA PRESS) -

El belga Gérard Mortier, que a partir de 2010 se convertirá en el nuevo director artístico del Teatro Real, dijo hoy durante su presentación a los medios de comunicación en Madrid, que su intención es programar un 35 por ciento de ópera del siglo XX en el coliseo madrileño y se mostró convencido de que la Orquesta y el Coro deben ser un "colchón sólido" para acoger a los cantantes.

Mortier, que acaparó la atención de fotógrafos y cámaras de televisión como si se tratase de una gran estrella de la ópera, estuvo acompañado en esta rueda de prensa por el presidente del Patronato de la Fundación del Teatro Lírico, Gregorio Marañón; por el director general del Teatro Real, Miguel Muñiz; y por el director general del INAEM, Juan Carlos Marset.

Sus primeras palabras, pronunciadas en español, sirvieron para agradecer a Antonio Moral, actual director artístico del Real, "el trabajo realizado" y ofrecerle su "apoyo, de colega a colega" a lo largo de la gestión de la temporada 2009-2010.

El actual director de la Ópera Nacional de París desde 2004, bien conocido por su labor al frente también del Festival de Salzburgo y la Trienal del Ruhr, explicó (ya en francés) las líneas generales de su política al frente del coliseo madrileño donde dijo haber llegado "muy feliz" y recordando que los flamencos (como es su caso) tienen "un 25 por ciento de sangre española".

CONCENTRARSE EN EL CORO Y LA ORQUESTA

Después de señalar que cree firmemente en la "integración europea" y que trabajará para que el Teatro Real de Madrid se integre "en los teatros de primera línea europeos" y sea "centro de conexión entre Europa y América Latina", Mortier se refirió a la "calidad musical de la ópera" como una de sus principales "preocupaciones".

Por ello, anunció que se concentrará tanto en el Coro como en la Orquesta Sinfónica de Madrid, actual titular del coliseo, y continuará con la labor iniciada por el maestro Jesús López Cobos "para lograr un nivel muy alto" de ambas formaciones.

En este sentido, indicó que la experiencia y los buenos resultados le han dado la razón al querer contar, como ya ha hecho en París, con un "grupo de directores musicales" que serán los que "subirán" la calidad de la Orquesta. No quiso adelantar ningún nombre concreto porque este tema aún "debe negociarse" si bien aseguró que en ese grupo figurarán españoles y citó a Pedro Halffter y Pablo Heras, de los que ha oído hablar muy bien.

Respecto a la puesta en escena, Gérard Mortier afirmó que le interesa "acercar a los grandes artistas del mundo visual (pintores, escultores, artistas de vídeo) a la ópera para que el público no se vea enfrentado a un espacio decorativo sino a un lugar teatral", dijo en referencia a la concepción que también tiene el director Peter Brook.

"No se trata de modernizar sino de crear unas referencias para que el público pueda establecer una unión entre su vida y la de los personajes e identificarse con ellos", señaló. "Es muy difícil llegar a esto pero yo lo he intentado a través de las 150 producciones que conforman mi carrera", apostilló.

"En París se puso el cartel 'Agotadas las entradas' y espero conseguir lo mismo en Madrid", aseveró recordando también su interés por acercar la ópera a los jóvenes y recordando que en la capital francesa consiguió bajar la edad del público de los 58 a los 42 años.

MÁS PRODUCCIONES PROPIAS

Mortier, que adelantó que se tomará "cuatro meses sabáticos" para conocer mejor España y para establecer contactos y ver la disponibilidad de los cantantes, dijo también que habrá más producciones propias del Teatro Real durante su gestión, alrededor de tres o cuatro al año que, además, tiene intención de exportar.

A este respecto, anunció que entre sus objetivos está crear producciones que tengan un carácter "específico" español y negó que el Teatro Real pueda ser considerado "de segunda" elogiando su "enorme potencial".

Por lo que se refiere a su decisión de programar una buena parte de ópera contemporánea, Mortier explicó que "escuchando con más atención este tipo de repertorio, que es muchísimo más amplio que el de siglos precedentes, se conoce mejor a los clásicos como Mozart o Puccini".

Conocido por todos que este último compositor no es precisamente uno de sus favoritos, (más bien al contrario) el futuro director artístico del Teatro Real, mencionó en varias ocasiones su nombre para dejar claro que el compositor "forma parte del repertorio" y no lo eliminará de un plumazo. De hecho, habrá un Puccini en la temporada 2010-2011.

"Por encima de mis preferencias y gustos hay que servir al público y respetarle. Mi intención es fascinar y sorprender a los espectadores", añadió convencido de que las cosas funcionarán en Madrid gracias "al boca a boca" y al "trabajo" de todos.

HACER LAS COSAS CON TRANSPARENCIA

Sobre los motivos reales que le han llevado a aceptar este nuevo cargo en el Teatro Real -por primera vez en 30 años de carrera Mortier será sólo director artístico y no intendente como hasta ahora-, Mortier habló de otras propuestas que ha tenido como las de la New York City Opera (que desestimó al reducirse en un 40 por ciento la disposición de los fondos) o la de la Staatsoper de Berlín ("no puede haber dos tigres en la misma arena", señaló).

"Tras cinco años en París (su contrato finaliza el año que viene), donde he trabajado con 1.500 personas y ocho sindicatos, creo que puedo aportar mucho aquí. A mi edad me gusta que las cosas se hagan de la manera más transparente", confesó.

Sobre si traerá a Madrid dos proyectos que había pensado para Nueva York (una ópera de Philip Glass compuesta para Disney y el western 'Brokeback Mountain'), Mortier dijo que se trata de proyectos "demasiado americanos" y mostró su intención de poder estrenar en el Teatro Real la obra 'Carnaval', de Hanspeter Kyburz. En cualquier caso, el belga aseguró que no hará una "revolución radical" aunque, eso sí, llevará su firma.

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