El corazón de España que dedicaba cada canasta a su madre

 

El corazón de España que dedicaba cada canasta a su madre

Actualizado 17/12/2013 22:44:27 CET
Amaya Valdemoro
Foto: FEB

MADRID, 17 Dic. (EUROPA PRESS) -

   La capitana de la selección española de baloncesto Amaya Valdemoro (Alcobendas, 18/08/1976) se ha despedido del deporte en activo dejando un palmarés impresionante, iniciado cuando dedicaba cada canasta a su madre fallecida y cerrado este mismo verano con la medalla de oro del Eurobasket, que se colgó como jugadora que más veces ha vestido la camiseta nacional (258).

   "Desde los 14 años mi vida ha sido meter un balón en una canasta", resumía este martes Valdemoro en su despedida, donde pudo recibir el cariño de todo el baloncesto español, el mismo que ya le espera para puestos de responsabilidad fuera de las canchas si así lo desea, como le recordó el presidente de la FEB, José Luis Sáez.

   Nacida hace 37 años en Alcobendas, de donde ha sido recientemente nombrada 'Hija predilecta', Valdemoro concluye una carrera jalonada de múltiples éxitos, como tres anillos de la WNBA, un bronce mundialista y cinco medallas continentales con la selección, una Euroliga, ocho Ligas españolas, nueve Copas de la Reina o la participación en los Juegos Olímpicos de 2004 y 2008. A nivel individual, cuenta con medallas de plata y bronce al Orden al Mérito Deportivo y, desde este mismo martes, con la insignia de oro y brillantes de la FEB.

   Tras una infancia más volcada en el atletismo, en la adolescencia se centró plenamente en el baloncesto y enseguida deslumbró por su precocidad, debutando en la máxima categoría con 16 años, en la selección española con 17 y haciendo las maletas para jugar en los Houston Comets de la WNBA con 21.

   Durante su ajetreada carrera también ha militado en Tintoretto, Universidad de Salamanca, Dorna Godella, Halcón Viajes, Pool Getafe, Ros Casares Valencia, Rivas Ecópolis y Real Canoe, así como en Samara y CSKA Moscú (Rusia) y Tarsus Belediyesi (Turquía), aunque siempre reconociendo que "el verdadero equipo" de su carrera ha sido la selección española.

   Con su sempiterna cinta rojigualda en el pelo, dentro de las numerosas virtudes de la alero siempre destacó la garra, una voluntad de pelear que, como ella explicó, es heredada de su madre, fallecida por un cáncer cuando la jugadora solo tenía 18 años y que, antes de morir, le hizo prometer a su hija que se acordaría de ella cada vez que anotara una canasta.

   Con esa llamativa fuerza de voluntad logró el penúltimo hito en su carrera hace dos años, una demostración de tesón cuando todo parecía acabado tras fracturarse simultáneamente las dos muñecas. Sin embargo, peleó para volver y poner la guinda a su particular "cuento de hadas cumplido", guiando el triunfo de España en el reciente Eurobasket de Francia, frente a la selección anfitriona y por un punto (69-70). La niña que quería ser atleta aún tenía canastas que dedicar a su madre.

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