La agresión a Juande Ramos corona una escalada de ocho años de incidentes en los derbis sevillanos

 

La agresión a Juande Ramos corona una escalada de ocho años de incidentes en los derbis sevillanos

Actualizado 01/03/2007 12:11:40 CET

SEVILLA, 1 Mar. (EUROPA PRESS) -

La agresión sufrida ayer por el entrenador del Sevilla, Juande Ramos, que recibió un botellazo en la cabeza, corona una escalada de ocho años de incidentes en los derbis disputados entre los dos equipos de fútbol de la capital hispalense, que se han convertido así, en habitual motivo de noticia por asuntos extradeportivos.

El primero de los incidentes violentos reseñables en estos 'clásicos sevillanos' tuvo lugar en el Sevilla-Betis disputado en el estadio Sánchez Pizjuán en la séptima jornada de la temporada 1999/2000. El partido se saldó con triunfo nervionense por 3-0, pero el choque ha pasado a la historia como el 'derbi del cuchillo', ya que alguien lanzó desde la grada un cuchillo contra el jugador del Betis Benjamín Zarandona, que no alcanzó al pucelano.

En la temporada 2000-01 se produjo otro peligroso incidente, en un derbi con ambos conjuntos en Segunda División, que terminó 1-1, y en el que se produjo el derrumbe de parte de la grada ocupado por los ultras blanquirrojos al celebrar el gol de su equipo.

Sin duda los altercados que más han perdurado en el recuerdo son los acaecidos en octubre de 2002, de nuevo en el campo del Sevilla, cuando un aficionado local invadió el campo para agredir al portero del Betis, Toni Prats, mientras que otro propinaba una brutal paliza, con una muleta, a un guardia jurado, que tuvo que ser hospitalizado.

Como consecuencia de todo ello, el Sánchez Pizjuán fue clausurado por cuatro partidos y una multa de 3.500 euros al Sevilla. En esta oportunidad, se aplicó la sanción en grado mínimo contemplada en el artículo 109 de los reglamentos federativos, debido a la colaboración prestada por el Sevilla en la identificación de los responsables de los sucesos.

El último precedente se produjo en marzo de 2002, aunque en esta ocasión el escenario fue el estadio del Betis, que fue cerrado por dos partidos, después de que un seguidor heliopolitano lanzara unos artefactos pirotécnicos llamados 'candelas romanas', contra la zona ocupada por los radicales del Sevilla, sin que se produjeran heridos.

El responsable de estos lanzamiento fue identificado aunque, finalmente, las diligencias penales que se le instruyeron fueron archivadas al demostrarse que las 'candelas romanas' eran inofensivas.


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