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Aviso: Esta noticia tiene más de un año. Última actualización: 05/07/2007 18:49

La medallista Teresa Perales presenta "Mi vida sobre ruedas" un relato autobiográfico donde "querer es poder"

- ¿Por qué escribir un libro?

   Me llamó la editorial y me propuso escribir una autobiografía. Me pareció bien, pero lo tuve más fácil porque conté con mi marido (el periodista Mariano Menor). Si no me hubiera animado él, no me lo habría planteado.

- ¿Qué es lo que más le ha costado al prepararlo?

   El arranque. Primero resultó muy difícil establecer la cronología porque uno cree que recuerda su vida perfectamente, pero no tiene por qué ser así y había que tomar decisiones que tenían su calado. Finalmente, decidimos empezar con el momento que más ha marcado mi vida y que ha supuesto para mí un antes y un después: cuando murió mi padre, porque aunque se pueda pensar que quedarse en silla de ruedas es muy difícil de superar, la verdad es que no me ha marcado la vida, ni mucho menos.

- ¿Cómo define su libro?

   Lo veo como una historia normal de una chica a la que le han ido sucediendo una serie de cosas y ha decidido contarlas. Hay quien lo ve como una historia de superación pero lo cierto es que yo soy así, no pienso en que mi vida sea ejemplar ni nada parecido. Lo que más me define es la frase 'querer es poder' todo, absolutamente todo, se puede conseguir si uno quiere. Y la medalla de oro es la prueba.

- Una medalla en los Juegos Paralímpicos de Atenas en natación el año 2004. ¿Practicaba algún deporte antes de la parálisis?

   La verdad es que no me gustaba nadar, pero siempre he practicado algún deporte y me ha gustado moverme mucho. He hecho equitación y kárate, pero lo de la piscina fue por casualidad. Estábamos de veraneo y decidí probar a meterme en el agua. La sensación era muy extraña porque al no tener sensibilidad y no poder mover las piernas la flotabilidad era completamente distinta. Me compré un chaleco salvavidas y me metí en el agua con mi tío y mi hermano, uno a cada lado. El chaleco duró una semana y los parientes, un par de días.

- Sin embargo no le gustaba nadar. ¿Qué ha cambiado?

   Es la libertad. Lo que me ha dado el agua es mucha libertad, incluso me han llamado 'sirenita'. En la piscina no necesito ni silla de ruedas, ni ayuda, ni nada y miro a la gente a mi altura, no tengo que estar todo el día con el cuello destrozado.

- Son frecuentes los casos de personas con una discapacidad sobrevenida que se dedican al deporte. ¿Es una cuestión de espíritu?

   Es cierto que los que somos de espíritu positivo tendemos a hacer deporte mientras que a otras personas les cuesta un poquito más llevarlo. Yo ya era deportista así que me resultó muy fácil volver a introducirme en este mundo. De todas formas, el deporte me ha dado la oportunidad de conocer a personas que han significado mucho en el aprendizaje de mi nueva vida, porque sigo siendo la misma pero ahora voy en silla de ruedas y hay que aprender a vivir con eso.

- Y luego llegó la alta competición y, con ella, la medalla de oro mientras usted crecía en el Partido Aragonesista. ¿Cómo empezó su carrera política?

   Fue por el deporte, aunque sin haberme retirado, que es lo habitual. De hecho, no conozco a nadie que haya estado practicando deporte de alta competición estando políticamente en activo. Y menos si se trata de paraolimpiadas. Ningún diputado en activo ha participado en unas paraolimpiadas (risas).

- ¿Cómo afrontó inicialmente la responsabilidad de ser representante de un colectivo ciudadano?

  Uno primero intenta no convertirse en el único estandarte, aunque por otra parte, entiendes que quieras o no, eres la voz que les representa. Estoy segura de querer serlo porque muchas personas con discapacidad han visto en mí la posibilidad de tener voz. Ahora lo veo como una puerta abierta en la sociedad y en Aragón, donde nunca habíamos tenido una persona con discapacidad en las Cortes.

   Fue una revolución cuando llegué allí, porque aunque podía entrar en el hemiciclo, no podía acceder hasta mi escaño. Había muchas escaleras, diferentes anchuras y, en fin, lo tuvieron que adaptar. Al final pude ocuparlo, pero nunca llegué a hablar desde el atril de oradores porque no llegaron a habilitarlo. Esto una crítica con cariño, pero es una crítica, al fin y al cabo.

- ¿Cuál era en aquel momento su primer reto político?

   Primero, conocer la dinámica de las Cortes y, después, hacer entender que no iba sólo a trabajar en materia de discapacidad. Siempre se piensa que este es un tema de asuntos sociales y no lo es, porque no es sólo un tema social. Es una cuestión que se tiene que trabajar de forma transversal y desde todos los ámbitos, porque todo tiene que ver con ello. Soy más partidaria de participar en cada departamento para poner en cada iniciativa la perspectiva de la discapacidad.

- ¿Alguna medalla conseguida en política?

   El día que votamos el reconocimiento de la Lengua de Signos en las Cortes de Aragón, que precisamente ahora se ha aprobado en el Congreso de los Diputados. Pronuncié un discurso tremendamente sentido porque era un tema de discapacidad y sobre todo, porque se trataba de derribar una barrera enorme.

- Hablando de barreras, ¿cuáles son las peores?

   Las mentales, las que no se ven. Las físicas siempre hay forma de salvarlas, pero hay algunos escalones que realmente duelen. Es muy difícil para la gente entender que sigo siendo Teresa, con una silla pegada al 'trasero', pero Teresa, al fin y al cabo. Soy más bajita, pero la misma. Hay una encuesta que dice que el 85% de los españoles se sienten incómodos al hablar con una persona con discapacidad porque no saben cómo. Ven algo diferente y lo diferente causa impresión y rechazo.

- ¿Qué lección puede obtener quien lea su historia?

   Espíritu, ganas de vivir. Creo que quien no trata de ser feliz es egoísta. Hay gente que no es feliz porque no trata de buscar la felicidad ni de generarla alrededor.


 

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