Aviso: Esta noticia tiene más de un año. Última actualización: 27/01/2010 16:49
El caso más llamativo ha sido, sin duda, el de María Dolores de Cospedal cuya bicefalia entre la secretaria general del PP y su candidatura a la presidencia de Castilla la Mancha la ha situado en una especie de esquizofrenia política de difícil solución. Por mucho que la número dos de los populares se empeñe; por mucho que amenace a quien se atreva a llevarla la contraria; por mucho que diga que los castellano-manchegos no pueden tolerar ni una instalación más en su territorio porque ya han sido suficientemente solidarios- y eso es cierto- no tiene nada que hacer y su credibilidad en este asunto ha quedado por los suelos. Si los militantes del PP toman el programa electoral como su catecismo político, como el contrato de obligado cumplimento que suscriben con sus electores cada cuatro años no hay pecado en la actitud del alcalde de Yebra. El se ha limitado a aplicar el programa electoral con el que el PP ganó las elecciones y por ello la cúpula de ese mismo partido quiere echarle a los leones ¡ que gran paradoja!. El problema de María Dolores de Cospedal es que al tener su alma dividida en dos en un asunto como este, no puede poner una vela a Dios y otra al Diablo y ha preferido contentar a su tierra y no jugarse ni un solo voto que defender el interés general de su partido.
Una cosa similar le ha sucedido a CiU que también ha amenazado al alcalde de Ascó con sancionarle por defender lo que el mismo Artur Mas sostiene: que la energía nuclear de Francia es idéntica a la de España solo que comprarla al país vecino nos cuesta un riñón. El nivel de hipocresía política que estamos viendo en este tema es solo comparable a lo grotesco que resulta oír a los distintos partidos dar explicaciones vanas o a sus dirigentes prendiendo hacernos tragar a todos con ruedas de molino y cerrar los ojos ante sus contradicciones. La demagogia populista es mala consejera y en este tema la hay a raudales.
Esther Esteban