Aviso: Esta noticia tiene más de un año. Última actualización: 05/03/2010 19:02
Casi al mismo tiempo, en el Senado de España, se celebraba una gran fiesta, con fotos, gritos, ovaciones y éxtasis. No se había logrado un pacto para sacar la economía española del pozo, ni se había aprobado nada de lo que enorgullecerse. Simplemente se había consagrado "el derecho" al aborto, el derecho a matar un no nacido con todas las bendiciones legales. Eso que a muchos nos repugna porque nos parece que va contra el derecho natural, contra la propia naturaleza de hombres y, sobre todo, de las mujeres, puede ser defendido legítimamente por otros. Lo que no se puede es festejar como la victoria de España en el Mundial. Legal o no, delito o no, es una tragedia terrible cada vez que se produce. Y en España se producen más de 110.000 abortos al año. Más de 110.000 tragedias tanto para quien no tiene la oportunidad de nacer como para las madres -aunque no hayan dado a luz son ya madres de un niño no nacido y se lo tendrán que explicar a sí mismas- que han decidido acabar con una vida humana. Tremendo el festejo, impresentables las fotos con ministro entre mujeres, impresentables los/las "hooligans" del aborto en una Cámara que representa a todos los ciudadanos españoles. Mal día para la historia y un claro síntoma de adónde va esta sociedad o adónde la llevan unos políticos y el silencio culpable de muchos ciudadanos.
Y otro hecho menor pero igual de simbólico. El Consejo Sectorial de la Mujer de Getafe -no me pregunten qué es eso- ha concedido el Premio 8 de marzo, que supongo que conmemora el Día de la Mujer Trabajadora. Entre los candidatos en la categoría nacional figuraba la madre de Sandra Palo, una luchadora por la memoria de su hija, pero el premio se lo han dado a la Clínica abortista Dator. Si no fuera patético, sería para no parar de reír. Lo dicho: día negro para los derechos humanos.
Francisco Muro de Iscar