Aviso: Esta noticia tiene más de un año. Última actualización: 11/03/2010 17:41
Un puñado de mujeres, poco más de setenta, decidieron seguir los pasos de María Elena Maseras y no resignarse ante los obstáculos legales. Después abandonaron sus carreras, se licenciaron o se doctoraron en la misma proporción que lo hacían sus compañeros. Su actitud y su perseverancia convirtieron en papel mojado las teorías que pretendían buscar en la matriz o en el cerebro menos voluminoso de las mujeres justificaciones a la discriminación. Y su ejemplo ejerció la suficiente presión como para dinamitar definitivamente, aquel memorable 8 de marzo de 1910, los diques administrativos que pretendían relegarlas.
El de la educación fue el primer derecho conquistado en la larga lucha por la igualdad entre hombres y mujeres: veinte años antes de lograr el voto en la II República, cincuenta años antes de que otro puñado de pioneras comenzasen a reclamar la libertad sexual en plena involución franquista, setenta años antes de que nuestra actual constitución consagrase la igualdad plena sin más excepción que la excepción monárquica. Por eso en este 8 de marzo es de justicia reivindicar la memoria de aquellas mujeres pioneras.
Isaías Lafuente