Aviso: Esta noticia tiene más de un año. Última actualización: 27/01/2010 12:49
A Francia, nuestra vecina, le compramos la energía nuclear a un precio mucho más caro del que la podríamos producir nosotros, y le llevamos los residuos para que nos los guarde a una tarifa que, en nuestra casa, se podría obtener mucho más barata. O sea, que cuando el PSOE y el PP, por una vez en la vida -y no se lo digas a nadie- se pusieron de acuerdo en que íbamos a construir un almacén de residuos radioactivos para que nuestros bolsillos se alivien un poco de estética antigua, y viene un alcalde dispuesto a que en su pueblo se instale el almacén, llega la "seño" de suaves labios líricamente almohadillados, y frunce las comisuras y convierte los labios en morro despectivo, y está dispuesta a empujar al alcalde de Yebra hasta el linde de la autonomía, de la misma manera que un gobernador civil me amenazó a mí con perseguirme a patadas hasta el límite de la provincia, eso sí, en los tranquilos tiempos de la Dictadura, que la Cospedal no sufrió.
Está claro que corren malos tiempos para la lírica, para los almacenes nucleares y para los alcaldes. Habrá que organizarse un poco la mente para saber lo que es la ideología, lo que es la autonomía municipal y qué coño es eso de la energía nuclear, al margen de los labios, para no tener que quedarnos todos con la boca abierta y el morro torcido.
Luis Del Val