Aviso: Esta noticia tiene más de un año. Última actualización: 11/03/2010 18:38
Lorena vivió una auténtica pesadilla durante las cuatro paradas de infierno. Ya no duerme a pierna suelta como solía y está atemorizada pero sobre todo se siente humillada y la duele mas el alma que los golpes. Ella no conocía a sus agresores, ni pensaba que a las diez y media de la noche de un sábado y en un vagón lleno de gente se podía sentir tan sola y desamparada. Según cuenta la agresión solo terminó cuando los agresores llegaron a su parada y solo en ese momento, cuando ya había pasado todo, alguien la ofreció ayuda y consuelo.
El caso de Lorena es uno mas, no es el único ni tampoco será el último. Son hechos que impactan cuando los vemos publicados en los periódicos pero que se olvidan fácilmente, porque de no hacerlo todos nos veríamos obligados a entonar el "mea culpa" y eso nos inquieta. Todos somos culpables de no educar a nuestros jóvenes en principios y valores, de ser permisivos hasta extremos intolerables con la violencia, de mirar hacia otro lado y no hacer nada ante la injusticia y sobre todo de ser insensibles ante el sufrimiento de los demás. Nuestro silencio cómplice, nuestro egoísmo y también nuestra cobardía es un pésimo legado para las nuevas generaciones que no tienen referentes a los que mirar. La excusa fácil de que "no todos llevamos un héroe dentro", es solo una manera de tapar nuestras vergüenzas, de perdonarnos nuestras pequeñas miserias y de justificar que no hacemos nada. Hoy ha sido Lorena la victima de esos desalmados y mañana puede ser nuestra hija o nosotros mismos y tampoco nadie hará nada por ayudarnos. Eso sí, podemos seguir poniendo en valor la cobardía pensando que siempre habrá un cobarde mayor y que los héroes solo están en las películas.. Entre cobardes anda el juego.
Esther Esteban