Aviso: Esta noticia tiene más de un año. Última actualización: 27/01/2010 12:41
Alicia Sánchez Camacho, que en otra época soñaba con ser la heredera de Josep Piqué, presa de una deriva derechista, se pasa el día afirmando que en España "no cabemos todos", lo que se pudiera interpretar como el deseo de dejar a la deriva, como siempre, a los más débiles. La primera clase nunca está en peligro.
Es cierto que hay que regular los flujos migratorios. Pero también es cierto que en España no sólo no sobra nadie sino que demográficamente tenemos un problema serio que los estudios sociológicas señalan en una pendiente con un umbral dramático dentro de una docena de años, en los que no habrá suficientes cotizantes como para mantener la seguridad social y las pensiones.
Las medidas de control de inmigración votadas por el Gobierno Zapatero en el Parlamento Europeo han sido catalogadas hasta de reaccionarias. Se han endurecido extraordinariamente. Para la derecha no es suficiente, porque el problema no es el exceso de inmigrantes sino el rédito político que se le pude sacar a las bajas pasiones de los ciudadanos en un momento de desesperación con el empleo que conduce a acusar al diferente y al de fuera. Ocurrió en los prolegómenos de la Alemania Nazi y sucede en todas las grandes crisis y depresiones económicas.
El padrón no confiere otros derechos que el constatar la existencia real, no legal, de alguien. Facilita el control de la asistencia médica, que es obligatoria, y de la escolarización de los menores. El PP sólo busca deteriorar al Gobierno con esta campaña. Pero debiera ser consecuente: si quiere quitar el salvavidas en esta catástrofe económica a los más débiles, debiera tener el coraje de decirlo.
Carlos Carnicero