Aviso: Esta noticia tiene más de un año. Última actualización: 09/02/2010 17:32
Hace meses saltó a los medios la noticia de los abusos cometidos durante años sobre menores por sacerdotes católicos irlandeses, sin que el conocimiento de los hechos por la jerarquía, llevara a denunciar los hechos y a actuar sobre los causantes de ese grave e intolerable daño. Ahora no se descarta que durante la visita a Roma de los obispos irlandeses, Benedicto XVI les entregue la carta que prometió a los fieles católicos irlandeses. También tiene pendientes decisiones sobre los Legionarios de Cristo, cuyo fundador, Marcial Maciel ha dejado una losa de abusos y de relaciones, que han hecho un enorme daño.
No son los únicos casos conocidos en estos últimos tiempos. Ni uno sólo de estos abusos debería quedar impune. Mucho menos cuando es un sacerdote quien los comete. Cuando se traspasa el umbral de la vergüenza, la Iglesia debe ser firme y ejemplar. Tolerancia cero contra la pederastia. En la Iglesia y fuera de ella. Lamentablemente, la cultura y la educación no han hecho descender estos delitos sino que han crecido y hoy, especialmente a través de Internet, en nuestro mundo de derechos, se comercia con los niños de la forma más sucia. La Iglesia es especialmente responsable de cualquier abuso cometido bajo su amparo, pero la justicia debe ser implacable contra todos los pederastas.
Ni el silencio ni la omisión la exculpan, pero la Iglesia fue la primera que habló de los derechos humanos hace muchos siglos, la primera institución que acogió la defensa de los más vulnerables. Tiene probado su compromiso. Habrá que seguir este asunto para ver cómo esa declaración rotunda de Benedicto XVI contra la pederastia se transforma en hechos concretos. La actuación de unos cuantos sacerdotes no puede empañar la labor excelente de casi todos los demás y la labor ingente de la Iglesia en defensa de la dignidad y los derechos de los más pequeños en todos los lugares del mundo.
Francisco Muro de Iscar