Aviso: Esta noticia tiene más de un año. Última actualización: 11/03/2010 17:40
La melancolía, la que todo lo abarca y es el mensajero de la muerte omnipotente según el decir de John Donne, un gran melancólico inglés del siglo XVII. Detrás de esta estadística se guarecen miles de historias personales rotas. Dolor y tragedia que -salvo cuando el suicida es famoso- no llega a los periódicos. La más de las veces porque los allegados sienten vergüenza y ocultan lo ocurrido. El suicidio tiene mala fama y el suicida, con arreglo a la costumbre católica, es un excluido de lo sagrado. De ahí el silencio; la ocultación de una última voluntad que nadie debería atreverse a profanar en el vano intento de interpretarla. La sola idea de pensarlo estremece, pero puede que el suicidio sea lo más alejado de un acto de cobardía. Descansen, también ellos, en paz.
Fermín Bocos