Aviso: Esta noticia tiene más de un año. Última actualización: 25/02/2010 16:58
En el aspecto técnico, de calidad de imagen, no se percibe gran diferencia entre la televisión analógica, que cuando se escachifollaba la señal emitía rayas o nieblas, y la digital, que emite cuadraditos y congelaciones de imagen. El resultado es el mismo: uno se queda sin saber qué le ha contestado el bueno a la chica o si el balón impulsado por Forlán besó la red, dio en el palo, lo paró el portero o salió fuera por muy poco. En los contenidos sí se aprecia, por el contrario, alguna diferencia, bien entendido que los de la TDT pertenecen casi exclusivamente al género tertuliano: en tanto que los canales analógicos tradicionales procuraban simular cierto equilibrio ideológico entre los participantes, los de la TDT pasan de cualquier disimulo y sacan ciudadanos que dicen, cuando no vociferan, exactamente lo mismo, a saber, que Zapatero es Drácula. La única coincidencia es que tanto en unos como en otros la independencia y la originalidad están severamente desterradas.
La TDT es un burro estropeado que nos han vendido los chalanes del momento. Visto el toco-mocho, la pena es que, como sucede con casi todo en España, no se puede reclamar y obtener la reparación consiguiente en ningún sitio.
Rafael Torres