La lucha de los niños ciegos por su autonomía

Actualizado 19/07/2018 14:30:26 CET
401682.1.500.286.20180719125519
Vídeo de la noticia

EUROPA PRESS, 19 Jul. (MADRID) -

    María tiene 11 años y es ciega. Hace apenas cinco años no sabía bajar un escalón sola, correr sin un apoyo o pelar una naranja. Después de varios veranos acudiendo a los campamentos de la ONCE ha conseguido perder el miedo y ganar autonomía, ahora corre sola y sabe hacer helado. "Una persona ciega puede hacer lo que quiera, hay cosas que se nos darán mejor y cosas que serán más difíciles pero podemos hacerlo todo", explica la pequeña.

    "Si no le dejas que lo haga nunca, no lo va a hacer. Si le dejas que lo pruebe, seguramente lo consiga", señala la coordinadora del campamento de Madrid, Eva Alonso, quien confía en que los pequeños son capaces de hacer todo lo que se propongan sin ayuda de nadie: "solo necesitan creer que son capaces y recibir las indicaciones adecuadas para hacerlo".

    La cocina, protagonista del campamento de este verano, potencia sus capacidades para reconocer mediante el tacto y el olfato los alimentos y así, el día de mañana, poder enfrentarse de forma autónoma a algo tan cotidiano como cocinar. "Muchos de ellos, cuando son mayores se van a vivir solos y consiguen tener un día a día autónomo, sin ningún problema", explica la coordinadora.

    Javier tiene restos de visión, acaba de terminar cuarto de la ESO y es corredor de atletismo. "A veces te cuesta más hacer las cosas pero esto consiste en seguir trabajando". Para él, es fundamental encontrar algo que te apasione y te haga conocer a gente. "Me encanta el deporte, en el instituto me gusta practicarlo con el resto, aunque te tengan que ayudar".

    Durante 15 días de campamento conviven estudiantes ciegos o con discapacidad visual grave, niños con otras dificultades asociadas a la ceguera y menores sin discapacidad para potenciar sus habilidades sociales. "Todos conviven juntos, sin preguntar si uno ve más, ve menos, si tiene una discapacidad intelectual o si tiene una discapacidad física", relata Alonso.

    Se dividen de tres en tres durante los talleres de cocina. Un monitor explica a cada grupo cómo son las frutas que están tocando. Uno de los monitores intenta transmitir el aspecto de la piña que tiene entre las manos. "La parte de arriba es como una palmera" dice, mientras un niño que tiene a su derecha la toca con curiosidad.

    Lucía, una de las niñas más pequeñas del grupo, pide ayuda para pelar una naranja. "Debes hacerlo sola", interviene el monitor. La pequeña se afana entonces por hacerlo bien. Minutos después lo consigue, se acerca satisfecha la fruta a la nariz para distinguir su olor y hunde los dedos en ella. En eso consiste ayudarles en su autonomía: hacerles ver que pueden solos.

    Cuando María, Lucía y Javier vuelvan a casa guardarán el recuerdo de unos días entre amigos, pero además habrán conseguido dar un paso adelante para conseguir ser independientes el día de mañana. "El límite se lo ponemos nosotros, ¿qué pueden hacer? Todo", concluye la coordinadora.