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Aviso: Esta noticia tiene más de un año. Última actualización: 24/03/2009 13:19

El castigo físico con palizas aumenta la posibilidad de que los niños sean agresivos y desafiantes, según un estudio

   Los maltratos con palizas aumentan la probabilidad de que los niños sean agresivos y desafiantes, y el castigo físico pone en riesgo a que los niños padezcan más problemas de salud mental, comportamiento anti-social y lesiones graves, según muestran los resultados de un informe de la Universidad de Michigan (Estados Unidos).

   La autora del informe y profesora asociada en la Escuela de Trabajo Social, Elizabeth Gershoff, señaló que "hay poca evidencia en investigación sobre el hecho de que el castigo físico mejore a largo plazo el comportamiento de los niños".

   En el informe, publicado en colaboración con el Hospital Infantil de Phoenix, en Arizona, Gershoff analizó 100 años de investigación de estudios publicados sobre el castigo físico y, en particular, las palizas en las nalgas. Finalmente, los resultados indicaron que la mayoría de los azotes son una práctica parental ineficaz en la crianza de niños, tanto en Estados Unidos como en el mundo.

   "Hay cada vez más motivación en otros países de promulgar leyes que prohiban legalmente todas las formas de castigo físico", indicó y señaló que "la práctica está considerada como una violación a la ley internacional de derechos humanos".

   Varios estudios recientes revelan que muchos padres aún maltratan físicamente a sus hijos, especialmente los niños de uno y dos años de edad, y cuando los niños llegan al quinto curso el 80 por ciento ha recibido castigo físico.

ANSIEDAD POR AZOTES

   Además, en múltiples estudios se ha descubierto que los azotes en las nalgas llevan a los niños a padecer más problemas de salud mental, como ansiedad y depresión, consumo de alcohol y drogas, y un ajuste psicológico deficiente. "Estos problemas también aumentan los niveles de estrés", añadió.

   El informe de Gershoff indica que los castigos corporales también pueden perjudicar las relaciones entre padres e hijos. "Si el niño ve a los padres como la fuente de dolor y experiencias dolorosas, esto puede interferir con el desarrollo de la cercanía y la confianza en un niño", dijo.

   En definitiva, señaló que los niños se comportan mejor cuando son motivados por la alabanza o la promesa de recompensas en lugar de amenazas de castigo. "Los niños necesitan la enseñanza y la orientación de los padres para que puedan aprender a tomar mejores decisiones en el futuro", apuntó.


 

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