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Última actualización: 29/08/2008

Los determinantes sociales y económicos son clave en la situación sanitaria mundial, según la OMS

La OMS recomienda luchar contra la distribución desigual del poder, el dinero y los recursos a nivel mundial, nacional y local.

   MADRID, 29 Ago. (EUROPA PRESS) -

   Las diferencias sociales y económicas entre países, y dentro de un mismo país, son "determinantes sociales de la salud", según concluye la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha realizado una investigación durante tres años con el objetivo de analizar la desigualdad en materia de salud existente en el mundo.

   La investigación, realizada por la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud compuesta por destacados rectores de políticas, docentes, y antiguos jefes de Estado y ministros de salud, mostró que "la nefasta combinación de políticas y arreglos económicos deficientes y una mala gestión política es responsable en gran medida de que la mayoría de la población del mundo no goce del grado de buena salud que sería biológicamente posible".

   Por este motivo, la OMS se ha marcado como objetivo alcanzar la equidad sanitaria actuando sobre los determinantes sociales de la salud, ya que "la injusticia social provoca la muerte de un número enorme de personas". En este sentido, la directora general de la OMS, la doctora Margaret Chan, recordó durante la presentación de las conclusiones que "la inequidad sanitaria es verdaderamente una cuestión de vida o muerte".

   Las Comisión ha constatado la existencia de "gradientes sanitarios" entre países y dentro de los mismos. Así, se puedo observar que un niño que nazca en un determinado barrio de Glasgow (Escocia) probablemente viva 28 años menos que otro que nazca sólo a 13 kilómetros de distancia; mientras una niña que nazca en Lesotho (África) probablemente viva 42 años menos que la que nazca en el Japón.

   En definitiva, se puede constatar independientemente del país, sus condiciones sociales su nivel de desarrollo que "los pobres están en peor situación que los menos pobres, pero también encontró que los menos pobres están peor que los de ingresos medianos, etc.". No obstante, en unos países, la pendiente es más pronunciada que en otros, pero el fenómeno es universal.

   Por otra parte, el informe señala como uno de los responsables de esta situación el mal reparto de los beneficios y recursos nacionales, que en ocasiones "puede incluso agravar las inequidades". En los últimos 15 años, en muchos países de ingresos bajos cada vez es menor la parte del consumo nacional que corresponde al quintil más pobre.

   No obstante, existen países de ingresos bajos, como Cuba, Costa Rica, China, el estado de Kerala en la India, y Sri Lanka que han logrado buenos niveles de salud pese a que sus ingresos nacionales son relativamente bajos.

SOLUCIONES A GRAN ESCALA

   Para la doctora Chan es preciso que los sistemas sanitarios mundiales tiendan a la equidad, el problema es que "no tenderán espontáneamente", por ello advierte de la necesidad de "un liderazgo sin precedente, que obligue a todos los actores, incluso los ajenos al sector de la salud, a examinar sus repercusiones en la salud".

   Aunque, gran parte de la labor necesaria para corregir las inequidades sanitarias compete a esferas externas al sector de la salud. "La causa de las enfermedades transmitidas por el agua no es la falta de antibióticos, sino la suciedad del agua, y las fuerzas políticas, sociales y económicas que no logran proporcionar agua limpia a todos; la causa de las cardiopatías no es la carencia de unidades de atención coronaria, sino el modo de vida de la población", advierte la comisión.

   Por consiguiente, para el presidente de la Comisión, Michael Marmot, es necesario que "se creen las condiciones para que la población se emancipe, tenga libertad para vivir una vida próspera". "Dependemos demasiado de las intervenciones médicas para aumentar la esperanza de vida", explica.

   Precisamente, sobre la base de esas convincentes, la comisión formula tres recomendaciones generales para afrontar "los devastadores efectos de la inequidad de las oportunidades de vida". La primera recomendación es "mejorar las condiciones de vida cotidianas, en particular las condiciones en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen"; por otra parte, "luchar contra la distribución desigual del poder, el dinero y los recursos a nivel mundial, nacional y local"; y, finalmente, "medir y entender el problema, y evaluar el impacto de las intervenciones".

   Por otra parte, aconseja que los países establezcan un mecanismo interinstitucional que garantice la colaboración eficaz y la coherencia de las políticas de desarrollo de la primera infancia entre todos los sectores, y traten de proporcionar servicios de primera infancia a todos sus jóvenes ciudadanos. Además, de tratar de invertir en el desarrollo de la primera infancia ya que "es una de las mejores medidas para reducir las inequidades sanitarias".

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