El embajador chileno en la ONU relata en un libro las "presiones" del Gobierno de Aznar para culpar a ETA del 11M

 

El embajador chileno en la ONU relata en un libro las "presiones" del Gobierno de Aznar para culpar a ETA del 11M

Actualizado 27/01/2006 16:22:26 CET

MADRID, 27 Ene. (EUROPA PRESS) -

El embajador de Chile ante Naciones Unidas, Heraldo Muñoz, ha relatado en un libro la manera en que el Gobierno del entonces presidente José María Aznar presionó al Consejo de Seguridad de la ONU para que incluyera una mención explícita a la autoría de ETA en la condena a los atentados del 11 de marzo de 2004.

En su obra, en la que describe las negociaciones sobre la guerra de Irak en el máximo órgano ejecutivo de la ONU y las repercusiones que la decisión unilateral norteamericana tuvo, Muñoz se refiere a la "sorpresa" de los miembros del Consejo cuando la delegación española "insistió fuertemente en culpar al grupo terrorista ETA".

"La representación adjunta de España se acercó a los asientos de Brasil y Chile para subrayarnos la importancia que tenía para España una mención explícita a ETA en la resolución", asegura el diplomático en el libro, titulado 'Una guerra en solitario'.

Muñoz cuenta cómo tanto él como el embajador brasileño explicaron que toda las resoluciones anteriores condenando atentados terroristas "nunca se refieron a autorías específicas". Además, señala que los alemanes y los rusos eran "aún más reticentes" a la mención a ETA o a cualquier otro grupo específico.

Según cuenta el autor, la entonces ministra de Asuntos Exteriores chilena, Soledad Alvear "mencionó que seguramente los españoles harían lobby en las capitales de los miembros del Consejo de Seguridad".

Ante la insistencia de España, los alemanes "cedieron" y los rusos continuaron oponiéndose, aunque posteriormente presentaron una propuesta de compromiso según la cual se añadiría una frase a la condena en la que se señalara que el ataque había sido "presuntamente cometido por ETA".

Sin embargo, "los españoles rechazaron la sugerencia" y la representante permanente alterna de España ante Naciones Unidas, Ana María Menéndez, explicó que tenía "instrucciones de Madrid".

Finalmente, "los rusos se rindieron" y en el Consejo de Seguridad "la condena a ETA fue unánime". Muñoz cuenta cómo inmediatamente después de salir del salón principal del Consejo, tras emitir los votos, los periodistas se agolpaban con las últimas informaciones oficiales desde Madrid, que indicaban que se habían descubierto vínculos con Al Qaeda, aunque todavía "las autoridades españolas se aferraban a su versión de que ETA era responsable".

Pocos días después, continúa el libro, el embajador español Inocencio Arias envió una carta a los miembros del Consejo "con una explicación", en la que aseguraba que el Gobierno de Aznar estaba "firmemente convencido" de que ETA estaba detrás de los atentados.

Sin embargo, sostiene el embajador chileno, "los miembros del Consejo no quedaron conformes puesto que sentían haber sido utilizados para propósitos políticos en una situación horrible y, para peor, la resolución no podría deshacerse".

En la presentación de la obra, la secretaria de Relaciones Internacionales del PSOE, Trinidad Jiménez, se refirió también a la "presión" que recibieron entre el 11 y el 14 de marzo los embajadores españoles de diferentes países.

Relató cómo lgunos embajadores "que no eran ni mucho menos afines al PSOE", nombrados por el PP durante su legislatura, la telefonearon para hacerle llegar su "enorme preocupación" por las "presiones" de la entonces jefa de la Diplomacia, Ana Palacio.

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